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El Sello Escarlata / Chapter 6 / 40

Chapter 6 - El Golpe de la Furia

La considerable distancia física entre las dos poderosas mujeres se redujo a cero en lo que pareció un abrir y cerrar de ojos, a pesar de la percepción ralentizada del tiempo de los espectadores. El tiempo pareció detenerse por completo, estirándose como una goma elástica en esos microsegundos agónicos antes de que estallara de forma inevitable la violencia física en medio de tanto glamour. Valeria se detuvo en seco justo frente a Isabella, a escasos centímetros, su pecho subiendo y bajando errática y ruidosamente. Su rostro, antes considerado hermoso por muchos, estaba ahora contorsionado por un odio tan puro, tan tóxico y crudo, que resultaba genuinamente aterrador de presenciar. Las gruesas venas de su cuello palpitaban furiosamente, y sus labios cubiertos de lápiz labial rojo temblaban de furia incontenible. Isabella, por el enorme contraste, se mantuvo perfectamente quieta, como una estatua de mármol; su respiración continuó siendo natural, rítmica y pausada, sus oscuros ojos clavados directamente en los desquiciados ojos de Valeria sin siquiera permitirse parpadear una sola vez. En ese instante de tensión insoportable, todo el abrumador lujo, el oro, el cristal y la opulencia del entorno se desvanecieron de la realidad, dejando en el universo solo a dos fuerzas diametralmente opuestas a punto de colisionar catastróficamente. Sin previo aviso, movida por un impulso animal, irracional y completamente salvaje que superaba cualquier filtro social, Valeria levantó velozmente su mano derecha. El movimiento fue increíblemente rápido, violento, cortando el pesado aire del salón con un silbido ahogado y amenazante. La bofetada resonó en el inmenso salón de mármol como el disparo seco de un arma de fuego, un sonido brutal y ensordecedor que obligó al director de la orquesta a detener la música de raíz por el puro susto. El fuerte impacto físico hizo que el hermoso rostro de Isabella girara violentamente hacia la izquierda, su cuello tensándose por la fuerza del golpe. El silencio sepulcral que siguió al impacto fue absoluto, paralizante, roto un segundo después solo por el grito desgarrador, agudo y cargado de un odio venenoso que brotó desde lo más profundo de los pulmones de Valeria, un sonido animal que destruyó para siempre cualquier frágil ilusión de civilidad, clase o decencia en aquella multimillonaria boda de alta sociedad.

—¡No eres más que una farsa!

Las hirientes palabras de la mujer resonaron y rebotaron en las altas paredes de mármol y espejos, cada sílaba goteando desprecio corrosivo y locura absoluta. La mujer del vestido dorado se quedó allí, plantada, con la mano aún suspendida temblorosamente en el aire, respirando con dificultad, esperando, deseando fervientemente ver derrumbarse a su enemiga frente a la mirada estupefacta de toda la ciudad.

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