Chapter 34 - |

La orquesta sinfónica atacó las primeras y vibrantes notas de un enérgico vals vienés. A pesar de la hostilidad palpable y venenosa que flotaba en el ambiente dorado, las normas de la alta sociedad exigían mantener las apariencias impecables. Con una audacia temeraria, producto de su falsa superioridad, Mateo se acercó a Isabella e hizo una reverencia teatral.
—¿Me concede el honor de un baile, señora Isabella? Para demostrar al mundo que no hay resentimientos antes de su inminente ruina financiera, por supuesto —pidió él, con una sonrisa torcida.
Alejandro dio un paso al frente de inmediato, su instinto asesino encendiéndose como un fuego forestal, listo para destrozarlo allí mismo, pero Isabella levantó suavemente una mano elegante, deteniendo a su fiero esposo. Le dedicó una mirada tranquilizadora a Alejandro, llena de promesas silenciosas, y luego se volvió hacia su enemigo.
—Por supuesto. Me encantaría bailar sobre la tumba de tus ambiciones —aceptó ella con gélida cortesía, dejándose guiar hacia el centro del majestuoso Salón de los Espejos.
Mientras giraban al ritmo de la música clásica y majestuosa, la tensión entre ellos era eléctrica. Isabella se movía con una gracia sobrenatural, su vestido negro contrastando con el oro brillante de la sala, dominando el baile y haciendo que Mateo pareciera torpe en comparación.
—He ganado, Isabella. Sus acciones están bajando, mi coalición bancaria está lista y ustedes están acabados. Mi hermana será vengada —susurró él, apretando la cintura de ella más de lo necesario.
Isabella no perdió el compás ni su deslumbrante sonrisa pública, pero sus ojos se clavaron en él con una frialdad abismal y despiadada.
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—Mateo, eres exactamente igual que Valeria: arrogante, predecible y estúpido. ¿De verdad creíste que nuestro supuesto declive era real? Eres el ratón que piensa que ha asustado al león, sin darse cuenta de que ya está dentro de la mandíbula. Faltan cinco minutos para la medianoche. Disfruta tus últimos segundos de falsa libertad.
Mateo frunció el ceño, una repentina chispa de duda y terror primitivo comenzando a asomarse detrás de su máscara pomposa. Soltó a Isabella justo cuando la pieza terminaba abruptamente. Alejandro, como una sombra inmensa y protectora, ya estaba al lado de su esposa, tomándola de la mano. El espectáculo estaba por comenzar.