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El Sello Escarlata / Chapter 19 / 40

Chapter 19 - El Resurgir del Vals

Con la gran amenaza dorada de Valeria permanentemente eliminada del panorama, neutralizada y escoltada hacia la prisión federal que sería su ruina, y con las grandes, majestuosas y pesadas puertas dobles de fina madera de caoba del inmenso salón principal cerradas de forma firme, sorda, y definitiva por el personal de seguridad a espaldas de la caída enemiga exiliada para siempre de sus vidas y de la sociedad, el pesado ambiente cargado de negatividad y shock, en un principio opresivo en extremo, estresante y francamente asfixiante que inundaba el inmenso y ornamentado salón de recepciones, comenzó lenta, progresiva y milagrosamente a relajarse y cambiar a su favor. Era exactamente como si una enorme nube venenosa, inmensamente densa, de tormenta inminente y asfixiante hubiera sido mágicamente y de un solo golpe soplada y disipada por completo del techo, dejando finalmente, después de tanta oscura tensión, entrar luz y aire muy fresco y profundamente purificador al enorme salón cerrado por primera vez en muchas e insoportables y larguísimas horas de asedio silencioso por la prensa y rivales que esperaban el fracaso. La experimentada y profesional orquesta clásica en vivo, que se había visto obligada por el shock del ataque a detener abruptamente su actuación y que había guardado un respetuoso y francamente muy aterrorizado e incómodo silencio instrumental total durante la dura, violenta, rápida y tensa confrontación, reaccionó ágil y profesionalmente al instante al recibir una clarísima señal afirmativa visual y muy discreta por parte del coordinador en jefe del lujoso evento de la boda. Acto seguido, los talentosos y aliviados músicos reiniciaron rápidamente, reanudaron al instante y de forma muy fluida y elegante y hermosa la música con la dulce melodía de un suave y clásico vals vienés para sus invitados, intentando apresurada y eficazmente tejer, recomponer y reparar lo antes posible la delicada, rota y fina red de normalidad, relajación, festividad y celebración que se había quebrado minutos antes. Los sofisticados invitados, compuestos en su totalidad por la gran y corrupta crema y nata financiera y de más alta e intocable élite social, legal y económica de toda la metrópolis de la ciudad y el estado, demostraron sin lugar a dudas y de manera magistral su impecable y milenario entrenamiento social corporativo aristocrático al recuperar con total fluidez, rápidamente y casi por arte de magia y de inmediato, una falsa y pulida compostura elegante, disimulando su enorme estupefacción y gran chismorreo interno por presenciar el hundimiento de un rival con una velocidad y naturalidad realmente asombrosas y espeluznantes. Las pequeñas y brillantes astillas de vidrio esparcidas y los feos restos de las copas rotas derramadas manchando el fino mármol fueron barridas, secadas, limpiadas impecablemente y desaparecidas por completo de forma discreta, invisible y mágica en segundos y sin hacer ruido alguno por el sigiloso, sumiso y experimentado personal de limpieza invisible del lujoso hotel como si nada de eso hubiera pasado ni fuera real; mientras las rígidas y educadas sonrisas superficiales, diplomáticas y ensayadas de siempre volvieron rápidamente, por inercia social, a enmarcar y engalanar elegantemente los rostros pálidos de los convidados. Al mismo tiempo, los ruidosos y urgentes murmullos de inmenso shock y de asombro inicial que flotaron por el salón, se fueron diluyendo, silenciando y transformando veloz y progresivamente en ráfagas de intensas, sinceras, nerviosas y apuradas felicitaciones y cumplidos amables y halagadores profusamente susurrados, y en indiscretas, largas y fijas miradas de evidente respeto renovado, admiración forzada y, sobre todo, e innegablemente visible, de terror reverencial y muy profundo e infundado e inevitable miedo ciego dirigido y enfocado por completo y de forma inmensa en dirección y homenaje directo hacia la intocable, oscura e imponente pareja de bellos e insuperables recién casados de pie. Todos y cada uno de los millonarios invitados en esa gran, brillante y opulenta sala de mármol y arañas de cristal comprendían de manera definitiva, muy profunda y claramente evidente en su propia carne, ahora y para siempre, el verdadero, colosal, infinito, y aplastante alcance definitivo y real del inmenso y destructivo poder combinado legal y letal de la formidable y unida nueva pareja dominante de esposos. Isabella, para los ojos aterrorizados del mundo empresarial, ya no solo era innegable y objetivamente la novia más hermosa, rica y radiante; ahora, sobre todas las cosas y más importante para su negocio, era incuestionablemente, inmensamente peligrosa, cruel, completamente intocable e inalcanzable, y letalmente y asombrosamente capaz de destruir desde los cimientos hasta el polvo de la ruina a sus más feroces y antiguos enemigos financieros con una inmaculada precisión quirúrgica, despiadada, impecable y asombrosa, y sin siquiera tener que levantar vulgarmente el tono de voz para conseguirlo con éxito letal. Alejandro, sin prestar atención al ruido y con los ojos solo para su diosa victoriosa, soltó gentilmente su cintura y tomó amorosamente la larga, inmaculada, perfecta y fría y victoriosa mano izquierda de Isabella, levantándola con extrema suavidad, caballerosidad, inmensa ternura devota y profundo respeto genuino por su reina, para besar ligera y respetuosamente el suave y blanco dorso de la misma, rozando cariñosamente la piel con los labios calientes justo sobre la fría piedra y el engarce del enorme, costoso e invaluable anillo brillante de bodas de diamantes recién colocado que simbolizaba mucho más que su simple y legal amor. Sus hermosos y oscuros ojos se encontraron de nuevo bajo las luces brillantes con los de ella, fijos, compartiendo profundamente y conectando en un segundo mágico y silencioso con un entendimiento muy intenso, íntimo, poderoso, secreto y silencioso que no requería ni permitía ninguna palabra extra entre ambos porque el enorme triunfo y su amor letal era ahora una deidad en la tierra. La inmensa y carísima ceremonia de su majestuosa e inolvidable boda, en contraposición directa a la evidente, estúpida, envidiosa y destructiva intención perniciosa de arruinarla que tenía la mujer de oro y su ridícula incursión frustrada en la sala, de ninguna manera y por ningún flanco había sido arruinada frente a la exigente sociedad; todo lo contrario en efecto, había sido purificada, consagrada permanentemente, fortalecida e intensamente blindada bajo un imponente bautismo bautizado de fuego corporativo despiadado, gran drama letal de alta sociedad y puro, crudo y desenfrenado e innegable demostración aplastante de gigantesco poder frente a la prensa que no daba crédito a tal espectáculo de humillación con estilo insuperable e intachable brillantez y dominio del terror escénico. El público pero ya casi lejano e irreal incidente con Valeria y su grito jamás pasaría a ser reportado o recordado burdamente en crónicas periodísticas y círculos cerrados chismosos de la élite de ciudad simplemente como un sucio escándalo bochornoso o vulgar que daña la imagen impecable de la empresa dominante del mercado y su reina en blanco, en lo absoluto y para nada; sería recordado, alabado en susurros y repetido con temor palpable y constante a través de la historia corporativa de la región a lo largo de décadas por la alta sociedad con el paso de los años incontables y temerosos, como la primera demostración brutal e inequívoca, pública, maestra y totalmente letal e impune y gloriosa, elegante y definitiva de la supremacía divina absoluta, de la consolidación inamovible, indiscutible de su alianza y pacto y poder en este lado del continente bajo esta noche dorada e imperecedera que lo transformó y demostró con pruebas la grandeza innegable e implacable de la inquebrantable, fuerte, nueva y suprema e irrompible y única gran e imponente alianza conyugal. Eran, sin dudarlo ni una décima de segundo por todos, por ellos, por la prensa y por cualquier enemigo oculto que haya sobrevivido la noche aterradora bajo la araña de luz, desde esta imponente e inmarcesible y maravillosa e icónica fecha clave en el gran y turbulento calendario social, los soberanos y temidos, implacables e indiscutibles reyes de su propio mundo letal, en paz.

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