Chapter 25 - |

El inmenso y lujoso despacho privado de Alejandro e Isabella, revestido de madera de roble oscuro y cristal blindado, se había convertido en un búnker de inteligencia de alta tecnología durante las últimas cuarenta y ocho horas. La inesperada e insolente aparición de Mateo en la gala benéfica había encendido las alarmas del matrimonio. Isabella no era una mujer que dejara cabos sueltos; su mente brillante y estratégica diseccionaba la información con la frialdad de un cirujano. Frente a ella, múltiples pantallas proyectaban flujos financieros, registros de empresas fantasma y oscuras conexiones internacionales que intentaban ocultar el verdadero origen del misterioso rival.
—Es un fantasma, Isabella. Nuestros mejores analistas de datos apenas pueden rastrear sus movimientos financieros más allá de un par de paraísos fiscales en las Islas Caimán y Luxemburgo —dijo Alejandro, caminando de un lado a otro de la oficina, con la camisa remangada, su imponente figura irradiando una mezcla de furia contenida y frustración—. Pero algo es seguro, tiene un respaldo colosal.
Isabella, sentada majestuosamente en su sillón de cuero, amplió una de las gráficas en el monitor principal, sus ojos oscuros entrecerrándose con agudeza letal.
—Nadie es un fantasma en el siglo veintiuno, mi amor. Todos dejan un rastro de transacciones, un error impulsado por la avaricia o el odio —murmuró ella, tecleando rápidamente comandos que cruzaban bases de datos globales—. Mira esto. Hace tres años, una de estas corporaciones pantalla inyectó capital de emergencia en la filial europea de Valeria. Este Mateo no es un nuevo jugador intentando tomar el trono vacío.
Alejandro se detuvo abruptamente, acercándose al escritorio y apoyando sus grandes manos sobre la superficie pulida, su mirada clavada en la pantalla que confirmaba la sospecha de su esposa.
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—Es un aliado de ella. O peor aún, un familiar no reconocido. Vino a vengar la humillación pública y la ruina que le impusimos a esa miserable —gruñó él, con los ojos brillando de ira protectora—. Si cree que puede tocarnos, lo despellejaré vivo antes de que pueda firmar un solo cheque.
—Tranquilo, mi feroz guardián —respondió Isabella, acariciando la mano de Alejandro para calmar su furia—. Si quiere jugar en las grandes ligas, le daremos la bienvenida al infierno. Pero primero, debemos limpiar nuestra propia casa. Hay un topo filtrando nuestra información bancaria.