Chapter 31 - |

Las cuarenta y ocho horas posteriores al fallido y ridículo atentado en el yate fueron de una actividad frenética e implacable. En su fortaleza parisina, un lujoso y ultra seguro palacete en el corazón del distrito más exclusivo de la ciudad, Isabella y Alejandro trabajaban junto a sus investigadores de élite y sus abogados internacionales. La captura del sicario había abierto la caja de Pandora. Con los datos extraídos del teléfono encriptado del atacante, los hackers a sueldo de la pareja habían penetrado las defensas cibernéticas más profundas del misterioso enemigo, revelando por fin el secreto mejor guardado de Mateo, y la razón exacta de su odio irracional.
Isabella estaba de pie frente a un inmenso tablero interactivo de cristal holográfico, conectando líneas de empresas fantasma con fotografías, mientras Alejandro escuchaba atentamente el reporte legal desde el lujoso sofá de cuero blanco, bebiendo café negro.
—Es aún más patético de lo que imaginábamos, mi amor —dijo Isabella, girándose hacia Alejandro con una expresión de absoluto y majestuoso desdén—. Mateo no es solo un socio de negocios resentido. Los registros de nacimiento reales, ocultos en una iglesia remota de España y falsificados hace treinta años, lo confirman. Su verdadero apellido es el mismo que el de nuestra antigua enemiga caída.
Alejandro enarcó una ceja, asimilando la inmensa pieza del rompecabezas.
—Es el hermano menor de Valeria. El heredero oculto que su familia mantuvo en la sombra como un plan de contingencia por si ella fracasaba.
—Exactamente —confirmó Isabella con frialdad letal—. Y toda la fortuna que estaba intentando lavar y apostar en Mónaco, ese "tesoro" escondido, no es suyo. Son los fondos de pensiones desviados ilegalmente de las empresas de Valeria que nosotros expusimos. Él planeaba usarlos para levantar un nuevo imperio sobre nuestras cenizas y vengar a su hermana encarcelada.
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—Es un estúpido sentimental, y la ignorancia financiera será su ataúd —gruñó Alejandro, poniéndose de pie con una sonrisa depredadora que iluminaba su rostro viril—. Ahora que sabemos que está operando con fondos robados e ilegales, podemos activar a las autoridades federales en la Unión Europea.
—No tan rápido, fiera mía —sonrió Isabella, con inteligencia maquiavélica—. Si lo entregamos ahora, podría escapar por un tecnicismo. Vamos a dejar que organice su supuesta "gala de resurgimiento" aquí en París este fin de semana. Le haremos creer que tiene la ventaja, lo dejaremos subir al escenario y, frente a todo el mundo, cerraremos la trampa de acero sobre su cuello.