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El Sello Escarlata / Chapter 38 / 40

Chapter 38 - |

Seis meses después de la aplastante derrota en París, el imperio de Isabella y Alejandro no solo se había estabilizado, sino que había crecido hasta alcanzar proporciones monstruosamente exitosas, expandiéndose mucho más allá de los confines de América y Europa. Desde su rascacielos blindado, que tocaba las nubes en el centro financiero del mundo, los reyes indiscutibles observaban ahora un nuevo y brillante horizonte estratégico: el inmenso, rico y sumamente complejo mercado asiático. La absorción de los antiguos activos de Valeria y Mateo les había dado una liquidez financiera infinita e inigualable.

La sala de juntas principal estaba vacía excepto por ellos dos. En la inmensa pantalla panorámica se proyectaba el último acuerdo, una fusión titánica de miles de millones de dólares que consolidaba su control sobre la tecnología de telecomunicaciones en Tokio, Seúl y Singapur.

—Los ministros de economía japoneses finalmente han cedido a todas nuestras estrictas demandas —informó Alejandro, leyendo el reporte con una sonrisa de satisfacción cruda, apoyándose en la mesa de roble—. Sabían que si no aceptaban nuestras condiciones, desestabilizaríamos sus mercados competidores. Se rindieron antes de que disparáramos.

Isabella, vestida con un inmaculado y elegante traje blanco de diseñador que resaltaba su aura de poder absoluto y pureza intocable, se acercó a los ventanales para mirar la ciudad que se extendía minúscula bajo sus pies.

—Era lógico, mi estratega y guerrero implacable. Ya nadie tiene el valor suicida de enfrentarse a nosotros. Nuestro monopolio es la ley inquebrantable del mercado global —dijo ella, con una calma majestuosa—. Hemos unificado industrias y aplastado a la competencia desleal. El imperio está más blindado que la bóveda más segura de la tierra.

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—Es el legado perfecto, Isabella. Un dominio eterno que nadie podrá borrar —afirmó él, caminando hacia ella para abrazarla por detrás, rodeando su cintura con sus fuertes brazos y apoyando la barbilla en su hombro.

—Hablando de legados eternos y el futuro de nuestra gran dinastía... —murmuró Isabella, su voz repentinamente más suave, misteriosa y rebosante de una emoción dulce que rara vez mostraba en el frío mundo de los negocios—. Tengo algo muy importante, íntimo e inmensamente maravilloso que revelarte, Alejandro. Algo que cambiará nuestro imperio para siempre.

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