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Chapter 39 - The Proposal

Pasaron varios meses desde que la oscura tormenta se había disipado por completo en la vida de Santiago, y el prometedor y luminoso futuro finalmente brillaba sin nubes en su horizonte. El evento de inauguración de la esperada ala pediátrica del hospital público se celebró con gran éxito, alegría y repercusión mediática positiva. Atrás quedaron las falsas e infames acusaciones de la prensa malintencionada; el apellido Vargas volvió a ser reverenciado unánimemente y relacionado indisolublemente con obras de altruismo sincero, transparencia financiera y profunda empatía comunitaria, todo gracias a la impecable reputación médica de la Dra. Elena.

Unas semanas después de aquel victorioso triunfo en el hospital, en una tranquila y fresca tarde dominical, Santiago invitó a Elena a dar un largo y apacible paseo por los inmensos, coloridos y floridos jardines privados traseros de su mansión. No había invitados de la alta sociedad, ni costosos músicos de cámara, ni deslumbrantes cámaras de fotografía acechando sus pasos. Solo estaban ellos dos, disfrutando mutuamente de una honestidad tan pura y palpable que reconfortaba el alma y sanaba antiguas heridas. Caminaron lentamente tomados de la mano, disfrutando plenamente de la serena paz y la total confianza mutua que habían logrado construir juntos sobre una base sólida y resistente frente a todas las grandes adversidades del pasado.

Al llegar junto a una hermosa, antigua y romántica fuente de mármol blanco, rodeada completamente por preciosas rosas rojas silvestres en plena floración, Santiago se detuvo suavemente. Miró profundamente a Elena a los ojos, con el corazón latiendo rápido pero lleno de inmensa certeza, y se arrodilló lentamente sobre un solo pie en la hierba suave. Sacó de su bolsillo un sencillo pero increíblemente hermoso anillo de compromiso, sin alardes ni ostentaciones innecesarias, un símbolo puro de amor auténtico.

—Elena, amor de mi vida, entraste en mi vida en el momento de mayor oscuridad, cuando creía ciegamente que absolutamente todo era mentira y falsedad. Me enseñaste el inmenso e inigualable valor que tiene la honestidad pura y el amor verdadero, desinteresado y genuino. No quiero ofrecerte la gran e imponente fortuna de mi familia, ni un lujoso y artificial castillo de cristal frágil —dijo Santiago con voz firme, cargada de gran emoción, sin poder apartar la mirada de sus ojos—. Solo quiero ofrecerte todo mi ser, mi entera y absoluta devoción, mi respeto infinito y la inmensa verdad de que mi alma te pertenece por siempre y mi corazón late únicamente por ti. ¿Me harías el honor más grande del mundo y te casarías conmigo?

Elena, con gruesas y cálidas lágrimas de inmensa felicidad pura e incontrolable resbalando silenciosamente por sus mejillas, no dudó ni una sola fracción de segundo.

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—Sí, mi amor, mil veces sí —respondió ella con profunda emoción, arrodillándose también junto a él para abrazarlo fuertemente y fundirse en un beso largo y apasionado.

A pocos metros de distancia, oculta sutil y juguetonamente tras un robusto arbusto verde y observando todo el romántico momento con inmensa alegría, la pequeña Sofía dio pequeños saltitos emocionados de felicidad y aplaudió con gran entusiasmo, celebrando el amor sincero.

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