Chapter 37 - The Fall of the Impostor

Al escuchar la voz implacable de Santiago y al ver la fría e inquebrantable determinación en los ojos del hombre que una vez había creído controlar y manipular a su antojo, Isabella comprendió con una claridad devastadora que no había absolutamente ninguna vía de escape. El pesado candelabro de metal resbaló lentamente de sus dedos temblorosos y chocó fuertemente contra el suelo de madera con un sonido seco, metálico y derrotado. En un instante de completo y patético colapso mental, sus piernas flaquearon peligrosamente y cayó de rodillas frente a ellos, tal y como lo había hecho en aquel escenario brillante el día de su desastrosa boda.
Rompió a llorar de una manera histérica, desgarradora y patética. Sus lamentos no eran producto de un arrepentimiento genuino por el inmenso dolor o el daño profundo que había intentado causar, sino gritos de frustración absoluta y furia narcisista contra lo injusta que consideraba que la vida había sido con ella, quejándose amargamente de cómo todos habían conspirado maliciosamente para quitarle la enorme corona y la fortuna incalculable que ella creía firmemente merecer por derecho. Lloraba por el dinero y el poder perdidos, no por su alma podrida.
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Aprovechando su total debilidad y evidente desconexión de la realidad, dos de los fornidos guardias de seguridad avanzaron rápidamente, tomaron a la desquiciada mujer por los brazos con brusquedad, inmovilizándola sin miramientos contra el suelo frío y esposándola fuertemente con las manos a la espalda para evitar cualquier otro ataque desesperado. A los pocos minutos, el insistente y estridente sonido de las sirenas de la policía resonó fuertemente en los jardines exteriores de la mansión, rompiendo la quietud que la tormenta había dejado tras su paso.
Esta vez, a diferencia de su vergonzosa expulsión el día del falso embarazo, no hubo una marcha silenciosa, discreta ni elegante hacia las calles. Isabella fue arrastrada y sacada de la lujosa propiedad a empujones por agentes de policía uniformados, con su rostro desfigurado por el llanto histérico y la lluvia torrencial, iluminada cruelmente por las luces rojas y azules de las patrullas policiales. Fue formalmente arrestada bajo múltiples y gravísimos cargos de allanamiento de morada, allanamiento agravado, intento de homicidio doloso premeditado y espionaje corporativo industrial agravado. La eterna, oscura y asfixiante pesadilla de engaños y manipulaciones, finalmente y para siempre, había llegado a su fin absoluto.