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Chapter 26 - The Shadow Returns

La alta sociedad de la ciudad se reunió en pleno para la esperada y exclusiva gala benéfica anual a favor del desarrollo médico, un evento ostentoso donde los millonarios competían por mostrar quién era el más caritativo frente a las cámaras de televisión. Santiago asistió al majestuoso evento acompañado de Elena. Ella lucía espectacularmente hermosa en un sencillo pero elegantísimo vestido azul noche, contrastando maravillosamente con las joyas exageradas y los vestidos recargados de las demás mujeres del salón. Era la primera vez que Santiago la presentaba formalmente en público como su pareja, y no podía dejar de mirarla con evidente orgullo y amor.

Sin embargo, desde las sombras del segundo piso del salón de eventos, una mirada inyectada en odio puro seguía cada uno de sus movimientos. Isabella, infiltrada bajo su identidad falsa de "Victoria Rossi" como acompañante y consultora de Fernando Montenegro, observaba la escena con las uñas clavadas en las palmas de sus manos hasta casi hacerse sangrar. Ver a Santiago sonreír de esa manera tan genuina, una sonrisa que nunca le había dedicado a ella, y ver cómo miraba a esa simple doctora con tanta devoción, encendió una hoguera de celos enfermizos en su pecho.

Incapaz de contener su veneno, Isabella decidió que era momento de probar el terreno y desestabilizar a la feliz pareja. Aprovechando que Santiago se alejó un momento para saludar a un viejo político, Isabella bajó rápidamente las escaleras y caminó entre la multitud. Simulando un inofensivo tropezón con uno de los camareros, empujó hábilmente una bandeja llena de copas de vino tinto oscuro, dirigiendo el desastre directamente hacia el hermoso vestido azul de Elena. El líquido manchó la fina tela de manera ruinosa.

—¡Oh, por Dios, cuánto lo siento! ¡Qué torpeza la mía, estaba tan distraída! —exclamó Isabella, fingiendo una disculpa mortificada, utilizando un tono de voz ligeramente alterado y cubriendo parte de su rostro con un abanico de fiesta.

Elena, sorprendida pero manteniendo una calma admirable, se sacudió el líquido sin hacer ningún escándalo.

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—No se preocupe, los accidentes ocurren. Es solo un vestido —respondió la doctora amablemente.

Santiago llegó corriendo al ver el incidente, preocupado. Isabella, temiendo ser reconocida de cerca, se dio la vuelta rápidamente y desapareció entre la multitud de invitados antes de que él pudiera verle el rostro. Mientras se alejaba apresuradamente, Isabella sonrió perversamente; había sido un ataque minúsculo e infantil, pero le sirvió para confirmar que estaba cerca, muy cerca de ellos, y que el gran golpe final estaba a punto de desencadenarse con una fuerza devastadora.

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