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Chapter 35 - The Night of the Storm

La incesante y fuerte lluvia golpeaba violentamente los gruesos ventanales del ala de servicio de la mansión. Dentro de su cálida y segura habitación, la pequeña Sofía se había despertado sobresaltada por un trueno especialmente fuerte y retumbante. Asustada por la tormenta, la niña abrazó su osito de peluche y se levantó descalza de su pequeña cama para ir a buscar refugio en la habitación contigua donde dormía su madre, Carmen. Sin embargo, al asomarse tímidamente por la puerta entreabierta de su cuarto hacia el pasillo en penumbras, un brillante relámpago iluminó por un fugaz segundo el largo corredor, y Sofía vio algo que la dejó petrificada de miedo.

Una figura oscura, alta y encorvada, envuelta en un impermeable empapado que goteaba agua sucia sobre la limpia alfombra, avanzaba silenciosamente por el pasillo con pasos lentos y siniestros. La pequeña niña contuvo la respiración, su instinto de supervivencia infantil diciéndole que aquello no era normal ni seguro. Observó desde la oscuridad cómo la intrusa se detenía frente a la puerta del dormitorio de su madre y levantaba lentamente un objeto pesado y metálico con la mano. En ese aterrador instante, gracias a la débil luz de emergencia del pasillo, Sofía reconoció el perfil demacrado y desquiciado de la mujer. Era la misma "señora mala de la boda", la del vientre falso, que había visto semanas atrás merodeando por la reja del jardín.

A pesar del terror abrumador que amenazaba con paralizarla, Sofía recordó las estrictas instrucciones que el señor Santiago y el jefe de seguridad le habían enseñado repetidas veces después del último incidente sospechoso. En lugar de gritar de terror y alertar a la intrusa de su presencia, la valiente niña retrocedió sigilosamente en silencio absoluto hacia su propia habitación. Gateó rápidamente por el suelo hasta debajo de su cama, su corazón latiendo como un tambor frenético en sus oídos. Allí, oculto tras la mesita de noche, se encontraba el gran botón rojo de pánico que Santiago había ordenado instalar específicamente para proteger la habitación de la empleada. Con una manita temblorosa y sudorosa, Sofía presionó el botón de emergencia con todas sus fuerzas, enviando una alarma silenciosa pero fulminante e inmediata a los guardias de seguridad de la mansión y, simultáneamente, al teléfono celular personal de Santiago.

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