Chapter 29 - The Investigation

Esa misma noche, tras un día extenuante tratando de frenar la hemorragia financiera de su empresa, Santiago llegó a su mansión completamente exhausto. Al cruzar el umbral, el jefe de seguridad, un exmilitar de rostro severo, lo interceptó en el vestíbulo principal. Le informó detalladamente sobre el inquietante reporte que Carmen y la pequeña Sofía habían hecho horas antes sobre la misteriosa mujer merodeando la reja de servicio. En lugar de descartarlo como una simple fantasía infantil producto del trauma pasado, Santiago sintió que todas las alarmas de su cerebro se encendían simultáneamente. Había aprendido, de la manera más dolorosa posible, a no subestimar jamás la intuición pura y directa de esa niña pequeña.
Ordenó de inmediato que se revisaran minuciosamente todas y cada una de las grabaciones de las cámaras de seguridad del perímetro exterior de las últimas veinticuatro horas. Encerrados en la sala de control de monitores, Santiago y su equipo observaron cómo, efectivamente, una mujer rubia y vestida con ropas de diseñador permanecía durante más de veinte minutos observando los movimientos de los guardias de las puertas traseras. Aunque llevaba gafas de sol oscuras que cubrían la mitad de su rostro, el software de reconocimiento facial y de marcha, recientemente implementado por seguridad, arrojó una coincidencia con un 85% de probabilidad al comparar sus medidas biométricas y forma de caminar con videos antiguos de la boda. Era Isabella.
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Pero lo que verdaderamente hizo que la sangre de Santiago hirviera de furia no fue solo descubrir que su infame ex prometida había vuelto de las sombras, sino el vehículo en el que ella se subió para escapar tras ser descubierta por Sofía. La cámara de la esquina de la calle captó la matrícula de un lujoso sedán negro. Una rápida investigación y cruce de datos por parte de sus contactos en la policía revelaron que el auto estaba registrado a nombre de una de las empresas fantasma de Fernando Montenegro, su mayor y más despiadado rival de negocios.
El oscuro rompecabezas finalmente se armó en la mente de Santiago. El salvaje ataque cibernético a los fondos del hospital, la filtración de información difamatoria a la prensa financiera y ahora el espionaje físico a su propio hogar. No era una simple coincidencia. Isabella y Fernando habían formado una perversa alianza para destruirlo a él y a su legado. Sin embargo, Santiago ya no era el mismo hombre ingenuo y confiado que había sido engañado en el pasado. Su expresión se endureció como el acero. Si querían jugar sucio, él les demostraría por qué la familia Vargas había construido y mantenido su inmenso imperio durante tantas generaciones.