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Chapter 6 - La abogada implacable

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Apenas dos horas después de haber abandonado la mansión, Evelyn se encontraba instalada en una sobria pero elegante suite de un hotel cercano al aeropuerto internacional. Mientras Noah y Eli dormían profundamente en la habitación contigua, agotados por la tensión emocional del día, Evelyn estaba sentada frente a su abogada, Helena Ward.

Helena escuchó la grabación extraída del teléfono de Noah tres veces seguidas. La primera vez lo hizo sin interrumpir, con los ojos cerrados, absorbiendo cada palabra. La segunda vez, comenzó a tomar notas frenéticas en su cuaderno legal, subrayando nombres y cifras. La tercera vez, lo hizo con un auditor forense experto, conectada mediante una videollamada segura desde su portátil.

Cuando el audio terminó por última vez, Helena dejó su costoso bolígrafo sobre la mesa de cristal y miró a Evelyn con una mezcla de asombro y voraz determinación profesional.

—Grant firmó bajo juramento, frente a un juez y notario, que había revelado todos los bienes matrimoniales —dijo Helena, con la voz vibrando de indignación—. Si logramos probar que esa cuenta de Zurich existe, podemos solicitar la reapertura inmediata del acuerdo de divorcio por fraude manifiesto.

—No quiero solo reabrir el maldito divorcio, Helena. Eso es pensar en pequeño.

La abogada estudió el rostro pálido pero implacable de su clienta.

—¿Qué quieres exactamente, Evelyn?

—Quiero saber cuánto dinero ha sacado de Mercer Biotech a espaldas de todos. Grant ha utilizado fondos de la empresa matriz para pagar los caprichos de Celeste. Cerró ilegalmente las cuentas universitarias de sus propios hijos. Está preparando un fideicomiso blindado con acciones corporativas que, muy probablemente, compró con esos mismos activos ocultos.

Helena se reclinó en la silla, suspirando.

—Lo que me pides puede convertir una desagradable disputa familiar en una investigación penal a nivel federal por desfalco y fraude corporativo. Podría ir a prisión.

—Es exactamente donde merece estar. Y en la grabación menciona explícitamente a Julian.

Evelyn asintió lentamente. Julian Mercer era el hermano menor de Grant y el actual codirector ejecutivo de Mercer Biotech. Desde el inicio, Julian siempre había desempeñado a la perfección el papel del hermano leal: era un hombre discreto, aparentemente amable, siempre dispuesto a resolver cualquier problema administrativo o personal que Grant considerara demasiado pequeño para su atención de CEO.

Pero más importante aún, Julian era la única persona con autoridad suficiente para aprobar transferencias financieras masivas cuando Grant estaba de viaje de negocios.

Helena abrió una carpeta nueva y escribió el nombre de Julian en mayúsculas.

—Para demostrar esto, necesitamos acceso total y sin restricciones a los libros contables internos de la compañía. Algo que, como exesposa, te será denegado instantáneamente.

—Puedo conseguirlo —afirmó Evelyn con una seguridad gélida.

—Ya no formas parte de la empresa, Evelyn. Grant se aseguró de eso hace años.

—Mi nombre sigue estando en la patente original del algoritmo médico.

Helena arqueó una ceja, sorprendida.

—Grant aseguró ante el juez y el consejo que tú habías cedido todos tus derechos fundacionales.

—Cedí los derechos de explotación comercial a Mercer Biotech. Eso es cierto. Pero jamás cedí mi derecho legal a auditar el uso de la tecnología base cuando existe una sospecha razonable de fraude o malversación. Está en el contrato fundacional que redacté yo misma hace diecisiete años.

Helena sonrió por primera vez en toda la tarde. Una sonrisa afilada y peligrosa.

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—¿Grant sabe eso?

—Grant dejó de leer cualquier documento legal que creyera haberme obligado a firmar hace mucho tiempo. Su arrogancia será su perdición.

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