Fastnews

Chapter 25 - La llamada de Celeste

|

El teléfono privado de Evelyn, un número que muy pocas personas conocían, vibró sobre la mesa de la cocina a las siete de la mañana del martes. Estaba preparando el desayuno para los chicos antes de salir hacia la empresa, sirviendo zumo de naranja fresco y tostadas calientes. Miró la pantalla del móvil, frunciendo el ceño al ver que el identificador de llamadas mostraba un número procedente de un centro penitenciario de baja seguridad en el estado vecino.

Evelyn dudó durante varios segundos. Podía ignorarlo. Podía apagar el teléfono. Pero la intriga y la necesidad de mantener bajo control todas las variables de su pasado la impulsaron a deslizar el dedo por la pantalla verde.

—Diga —contestó con voz seca y desprovista de cualquier atisbo de emoción.

—Evelyn… soy yo. Celeste.

La voz al otro lado de la línea sonaba increíblemente pequeña, quebrada, despojada de toda la arrogancia y altivez que Celeste Vaughn había exhibido el día que apareció en la biblioteca de la mansión para reclamar las llaves de la casa. El sonido de fondo delataba un entorno ruidoso e institucional, muy diferente a los lujosos apartamentos a los que estaba acostumbrada.

—No sé cómo has conseguido este número privado, Celeste, pero te sugiero encarecidamente que lo borres de tu memoria inmediatamente. Mi abogada te dejó muy claro que no debías contactarme jamás bajo ningún concepto.

—Lo sé, lo sé, y de verdad lo siento mucho. Pagué a una de las reclusas para usar su cuota telefónica. Por favor, Evelyn, no me cuelgues el teléfono. Te lo suplico.

Evelyn se apoyó contra la encimera de granito de la cocina, cruzando los brazos sobre el pecho. No sentía compasión, solo una fría y clínica curiosidad por saber hasta qué punto había caído la mujer que ayudó a dinamitar su matrimonio.

—Tienes exactamente treinta segundos para decirme qué es lo que quieres antes de que cuelgue y bloquee el número para siempre. Habla rápido.

Se oyó un sollozo ahogado al otro lado de la línea.

—Evelyn, estoy desesperada. Mi abogado de oficio es un completo inútil. El fiscal del distrito está intentando revocar el acuerdo de inmunidad parcial que firmé cuando entregué el USB con las pruebas contra Julian y Adrian.

—Ese es un problema entre tú, tu conciencia y el sistema judicial estadounidense. No tiene absolutamente nada que ver conmigo.

—¡Sí tiene que ver contigo! —exclamó Celeste con urgencia—. Quieren usarme como cabeza de turco para cerrar el caso del blanqueo de capitales más rápido. Si me revocan el acuerdo, me darán diez años de cárcel. Mi bebé nació hace tres meses, Evelyn. Es un niño. Si me condenan, el Estado me quitará la custodia y lo enviarán al sistema de acogida. Adrian está en prisión y su familia en Europa no quiere saber nada del niño ilegítimo.

—Sigo sin ver qué papel juego yo en tu tragedia personal.

—Tú tienes el poder. Eres rica, eres influyente ahora. Tienes a los mejores abogados del país. Te pido, te ruego, que envíes a Helena Ward para que interceda por mí ante el fiscal. Solo ella conoce los detalles de cómo yo colaboré para desenmascarar el fraude. Si ella declara a mi favor, respetarán el acuerdo.

Evelyn guardó silencio. La imagen de Noah y Eli, siendo expulsados de su propia casa bajo la lluvia mientras Celeste preguntaba fríamente por sus cuentas universitarias, cruzó por su mente con una nitidez aterradora.

May you like

—Te lo devolveré, te lo prometo. Trabajaré para pagarte los honorarios toda mi vida si hace falta —lloraba Celeste.

—Se acabó tu tiempo, Celeste.

Related Stories

Other posts