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Chapter 24 - Estrellas y cicatrices

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A kilómetros de distancia de las batallas legales y los rascacielos corporativos de la ciudad, el fin de semana se presentaba sereno en la casa de madera junto al mar. El sonido rítmico y constante de las olas rompiendo contra la orilla era el único telón de fondo. La noche había caído, despejada y sin nubes, ofreciendo un lienzo perfecto de estrellas brillantes sobre el oscuro y vasto océano.

Noah estaba en el gran balcón de madera del segundo piso, ajustando con meticulosa precisión el enfoque de su costoso telescopio astronómico. Había crecido varios centímetros en el último año, y sus facciones habían perdido la redondez infantil, endureciéndose en la madurez temprana de un joven de quince años que había visto demasiadas mentiras adultas.

Eli salió al balcón frotándose los ojos por el sueño, envuelto en una gruesa manta de lana para protegerse de la brisa marina.

—¿Qué estás mirando hoy, Noah? —preguntó el niño menor, apoyando la barbilla en la barandilla de madera húmeda por el salitre.

—Estoy intentando localizar la nebulosa de Orión —respondió Noah sin apartar el ojo del ocular del telescopio—. Las condiciones atmosféricas son casi perfectas esta noche. No hay contaminación lumínica de la ciudad que nos estorbe aquí.

Eli se quedó en silencio durante unos minutos, observando la inmensidad del mar oscuro. La paz del lugar contrastaba fuertemente con el caos que habían dejado atrás en la inmensa y opresiva mansión de su padre.

—Noah… ¿Crees que papá también puede ver estas mismas estrellas desde donde está ahora?

Noah detuvo sus ajustes de inmediato. El simple nombre de su padre aún era un terreno delicado, una vieja herida que todavía escocía en los bordes. Se apartó lentamente del telescopio y miró a su hermano pequeño, evaluando la tristeza oculta en la pregunta.

—Supongo que sí, Eli. El cielo es el mismo para todos, incluso si estás encerrado en una prisión federal en medio del estado.

—¿Crees que piensa en nosotros cuando las mira?

Noah se apoyó en la barandilla junto a su hermano, pasando un brazo protector por encima de los pequeños hombros envueltos en la manta.

—Sinceramente, no lo sé, Eli. Y para ser honesto, ya no me importa demasiado lo que él piense o deje de pensar en su celda.

—A mí a veces me da un poco de pena. Lo ha perdido absolutamente todo por culpa de sus propias mentiras. Está completamente solo.

—Esa fue su elección, enano. Nadie lo obligó a firmar documentos falsos, ni a robar nuestro dinero, ni a intentar echarnos a la calle para meter a su nueva novia en casa. Él eligió el dinero y el egoísmo por encima de nosotros.

Eli asintió lentamente, asimilando la dura verdad que su hermano mayor no intentaba suavizar.

—Mamá dice que no debemos guardar odio en el corazón, porque el odio nos hace daño a nosotros mismos, no a él.

—Y mamá tiene razón, como siempre —sonrió Noah con genuina calidez—. No le odio, Eli. Simplemente he decidido que él ya no ocupa espacio en mi vida. Mi espacio está aquí, contigo, con mamá, y con estas estrellas que estamos mirando.

—¿Me dejas mirar por el telescopio a ver si encuentro la nebulosa?

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—Claro que sí. Acércate, te enseñaré cómo ajustar la lente secundaria. Solo tienes que mirar hacia adelante y no perder el enfoque.

Los dos hermanos pasaron el resto de la noche bajo el firmamento estrellado, encontrando en la vastedad del universo una paz inquebrantable que ningún apellido millonario habría podido comprarles jamás.

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