Chapter 3 - El último umbral

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Celeste sonrió ampliamente y levantó la mano izquierda. Entre sus delgados dedos colgaba un juego de llaves de la mansión. Evelyn frunció el ceño, confundida; no había visto a Grant entregárselas en ningún momento. Había copias preparadas desde mucho antes de la firma.
—El equipo de decoración y reformas llegará a las cinco de la tarde en punto —dijo Celeste, dirigiéndose a Grant pero asegurándose de que Evelyn la escuchara—. Necesito que las habitaciones estén completamente vacías y limpias para que puedan empezar a tomar medidas.
Evelyn la miró fijamente, sintiendo que la sangre le hervía en las venas.
—¿Qué habitaciones? —preguntó, aunque en el fondo temía conocer la respuesta.
Celeste inclinó la cabeza hacia donde estaban parados Noah y Eli, mirándolos como si fueran muebles viejos que necesitaban ser desechados.
—Las del ala este, por supuesto. Una será la habitación principal para el bebé, por la luz de la mañana, y la otra será para la niñera residente.
Eli dio un paso atrás, aferrándose con fuerza al abrigo de su madre, escondiendo el rostro.
—Mi habitación está en el ala este... —susurró el niño, con la voz temblorosa.
—Lo sé —respondió Celeste con pasmosa naturalidad. No había odio en su voz. Solo una inmensa y cruel satisfacción. Había ganado, y quería que todos los presentes lo supieran.
Evelyn no iba a permitir que sus hijos soportaran un segundo más de aquella humillación. Tomó a Eli por los hombros y miró a Noah, asintiendo levemente. Salió de la biblioteca y avanzó hacia la escalera principal. En el inmenso vestíbulo de mármol encontró varias cajas blancas de mudanza apiladas torpemente junto a la puerta principal. Dentro de una de ellas, medio abierta, vio los preciados libros de ciencia ficción de Noah, el gastado guante de béisbol de Eli y el pequeño y costoso telescopio que Evelyn le había regalado a su hijo menor por su décimo cumpleaños.
Levantó la vista. Sobre la imponente chimenea de la entrada faltaban dos grandes fotografías familiares que habían estado allí durante años. En su lugar, presidiendo la casa, había una ecografía enmarcada en plata brillante.
Noah apareció detrás de ella, siguiendo su mirada.
—Lo había preparado todo antes de que firmaras, mamá —dijo el chico con amargura—. Sabían que nos echarían hoy.
Evelyn cerró los ojos, tomando una profunda bocanada de aire para no derrumbarse.
—Sí, cariño. Lo sabían.
Grant se acercó por el pasillo, caminando con Celeste tomada del brazo.
—No conviertas esto en un espectáculo dramático, Evelyn. Sé civilizada —advirtió él, molesto por la tensión.
Evelyn se volvió hacia él con furia contenida.
—Has embalado la infancia entera de tus hijos en cajas de cartón antes siquiera de saber si yo firmaría ese maldito papel.
—Sabía que firmarías. Siempre eliges protegerlos a ellos antes que a ti misma. Eres predecible.
—Y tú has contado con mi amor por ellos para extorsionarme.
Grant sonrió con suficiencia.
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—Los negocios son negocios, Evelyn. Por eso nunca pudiste dirigir una empresa de verdad como la mía. Eres demasiado emocional.
Aquel golpe encontró exactamente el lugar al que iba dirigido. Mercer Biotech no había sido siempre "su" empresa. La historia de aquel imperio tecnológico era muy distinta a la que Grant vendía a la prensa, y Evelyn sabía que el verdadero espectáculo apenas estaba por comenzar.