Chapter 30 - El frente legal

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El imponente y frío despacho de Helena Ward en el centro financiero de la ciudad estaba repleto de altas pilas de carpetas de cartón y pesados tomos de jurisprudencia internacional. La abogada llevaba horas trabajando sin descanso, con una taza de café frío olvidada en el borde de su escritorio de cristal.
Evelyn entró en la oficina cerrando la puerta tras de sí, proyectando una calma que contrastaba fuertemente con la frenética actividad del bufete.
—¿Cómo están las defensas de nuestro castillo, Helena? —preguntó Evelyn, tomando asiento en la cómoda silla de cuero frente al escritorio de su abogada.
Helena se frotó los ojos cansados y suspiró profundamente.
—Margaret Hale no está faroleando, Evelyn. Ha contratado a "Van der Berg & Associates", uno de los bufetes de litigios corporativos más agresivos y caros de toda Europa. Están bombardeando los tribunales internacionales con requerimientos para congelar preventivamente un veinte por ciento de los activos líquidos de Mercer Biotech hasta que se resuelva la demanda de nulidad de sus antiguas acciones.
Evelyn frunció el ceño, evaluando la gravedad del ataque financiero. Sabía que Margaret tenía los recursos suficientes para alargar la batalla durante años, desangrando lentamente a la empresa en gastos legales.
—Si logran que un juez dicte esa congelación de activos preventivos, nos quedaremos sin liquidez suficiente para financiar las siguientes fases del Proyecto Génesis en los próximos seis meses. Detendrán la investigación contra el cáncer para satisfacer su ego y su venganza personal por la cárcel de Adrian.
—Ese es exactamente su plan —asintió Helena, mostrando un gráfico de flujo legal en su pantalla—. Margaret sabe que la investigación del nuevo algoritmo ético es tu proyecto estrella. Quiere estrangular el flujo de caja para forzarte a negociar un acuerdo extrajudicial que le otorgue un asiento en nuestro consejo directivo. Y desde dentro, intentará destruirte.
Evelyn se inclinó hacia adelante, apoyando los codos sobre sus rodillas. Sus ojos brillaron con la fría determinación de un estratega militar en vísperas de la batalla final.
—No voy a cederle ni una sola silla en mi empresa, Helena. Ni siquiera le daré un taburete roto en el vestíbulo.
—El problema, Evelyn, es que su argumento tiene un pequeño resquicio legal. Grant fue condenado por falsificación documental desde los inicios de la empresa. Los abogados de Margaret argumentan que, si la base del pastel estaba envenenada y falsificada, la porción que ella vendió bajo coacción a Grant también era ilegítima, y por tanto, la transacción debe revertirse a su favor con valor actualizado al día de hoy.
—Pero no fue Grant quien inventó la base del pastel, fui yo. El algoritmo es mío.
—Y eso es lo que vamos a usar en su contra —sonrió Helena de forma depredadora, extrayendo una vieja y amarillenta carpeta del fondo de un cajón bajo llave—. He estado investigando los registros de la salida de Margaret del consejo hace doce años. Descubrí algo que ni siquiera sus carísimos abogados europeos saben que existe.
Evelyn miró la vieja carpeta con curiosidad creciente.
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—¿Qué has encontrado? ¿Un error en sus contratos de venta?
—He encontrado la pistola humeante que la obligará a retirar la demanda internacional antes del viernes, o se enfrentará a sus propios cargos de fraude corporativo. Vamos a devolverle el golpe con una fuerza devastadora.