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Chapter 26 - La respuesta inquebrantable

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El silencio que siguió a las últimas palabras de Evelyn fue tan pesado y opresivo que parecía poder cortarse con un cuchillo. Celeste sollozaba amargamente al otro lado de la línea telefónica, aferrándose desesperadamente a una esperanza que, en el fondo de su alma, sabía que no merecía recibir.

—Evelyn, por favor... te lo suplico de madre a madre. Sé que me equivoqué gravemente, sé que fui cruel y codiciosa, pero mi hijo pequeño no tiene la culpa de los horribles crímenes que cometimos los adultos. No dejes que acabe en un orfanato del Estado.

Evelyn no alteró su postura ni un milímetro. La lástima es un sentimiento reservado para los inocentes que sufren desgracias inmerecidas, y Celeste Vaughn era todo menos inocente. Ella había sido una arquitecta consciente y voluntaria de la destrucción de una familia.

—No te atrevas a apelar a mi instinto maternal para intentar salvarte de la prisión, Celeste. Es un insulto a mi inteligencia.

—Evelyn…

—Escúchame muy bien, porque esta será la última vez que escuches mi voz en toda tu vida —interrumpió Evelyn, con un tono tan gélido que hizo temblar a la mujer al otro lado—. Cuando estuviste en el salón de mi antigua casa, viendo cómo mis hijos de catorce y once años recogían sus juguetes en cajas de cartón para ser expulsados a la calle, no vi un solo rastro de compasión en tus ojos. Solo vi la avaricia de una mujer que estaba deseando apropiarse de sus habitaciones y de sus ahorros universitarios para acomodar a su propia descendencia.

—Estaba cegada por las mentiras de Julian y Adrian… creí que Grant os había dejado económicamente cubiertos.

—Mientes de nuevo. Y lo peor es que te mientes a ti misma. Tú sabías perfectamente lo que estaban haciendo. Tú firmaste los documentos para abrir las cuentas en paraísos fiscales con el dinero robado de mis hijos.

Evelyn tomó aire, negándose a permitir que la vieja ira alterara la paz que tanto le había costado construir en su nuevo hogar.

—Mi abogada, Helena Ward, trabaja exclusivamente para proteger mis intereses, mi empresa y el futuro de mi familia. No voy a gastar ni un solo dólar de mi patrimonio para financiar la defensa legal de la mujer que intentó arruinarnos. Si el fiscal del distrito considera que no fuiste lo suficientemente honesta durante tu cooperación y quiere revocar tu trato, es la consecuencia directa de tus propios actos.

—Si no me ayudas, mi hijo no tendrá a nadie en el mundo. Crecerá completamente solo.

—Ese es el verdadero peso de las decisiones que tomaste, Celeste. Cuando decidiste acostarte con el primo de tu amante millonario para robar una empresa desde dentro, jugaste a la ruleta rusa con el futuro de ese bebé. Y perdiste. Aprende a vivir con ello, igual que nosotros tuvimos que aprender a vivir con la traición.

—Eres un monstruo sin corazón —escupió Celeste, cambiando repentinamente el llanto por un odio venenoso al verse arrinconada.

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—No, Celeste. Simplemente soy una mujer que ha dejado de pagar las facturas de los errores ajenos. Adiós para siempre.

Evelyn pulsó el botón rojo de la pantalla, colgando la llamada. Inmediatamente después, bloqueó el número en el sistema y volvió a servir el desayuno, sintiendo que el aire de su cocina estaba ahora mucho más limpio.

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