Chapter 27 - El Proyecto Génesis

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Al llegar a la reluciente sede de Mercer Biotech, Evelyn convocó una reunión extraordinaria con los jefes de todos los departamentos de investigación y desarrollo. No quería perder ni un solo día más lidiando con los oscuros fantasmas legales del pasado que la familia Hale intentaba resucitar desde Europa; su objetivo era impulsar a la empresa hacia un futuro tecnológico sin precedentes.
La sala de conferencias técnica estaba repleta de los científicos y bioinformáticos más brillantes del país, muchos de los cuales habían trabajado directamente con Evelyn en los inicios de la empresa, antes de que Grant la apartara de los laboratorios.
Evelyn se situó frente a la gran pantalla interactiva, vestida con su habitual elegancia sobria, proyectando una confianza absoluta.
—Buenos días a todos, y gracias por acudir con tan poca antelación —comenzó, encendiendo la pantalla con un toque—. Durante los últimos cinco años, esta compañía se ha estancado terriblemente. Bajo la administración anterior, el presupuesto se desvió hacia patentes comerciales menores y marketing agresivo, abandonando la investigación fundamental que nos dio nombre en la industria.
Pulsó un botón, y en la pantalla apareció el intrincado diagrama tridimensional de un modelo genético celular.
—Eso termina hoy. Vamos a volver a nuestras raíces científicas, pero a una escala que nadie en el mercado ha intentado aún. Damas y caballeros, quiero presentarles oficialmente el inicio del Proyecto Génesis.
El doctor Aris Thorne, el investigador jefe que había sido un fiel aliado de Evelyn desde la universidad, se inclinó hacia adelante en su silla, visiblemente intrigado por el diagrama complejo.
—¿Es una actualización de su algoritmo predictivo original, señora Ward? —preguntó Aris.
—No es una simple actualización, Aris. Es una reinvención ética y completa del sistema —explicó Evelyn, caminando por la sala—. El Proyecto Génesis utilizará inteligencia artificial avanzada no solo para predecir anomalías celulares oncológicas meses antes de que se manifiesten físicamente, sino para trazar terapias genéticas hiper-personalizadas en tiempo real.
—Desarrollar una infraestructura de inteligencia artificial de ese calibre requerirá una inversión masiva, casi el cincuenta por ciento de nuestra liquidez actual —advirtió la nueva directora financiera, tomando notas rápidamente.
—El dinero ya no se desviará a cuentas suizas ni a bonos de directivos corruptos. Se invertirá íntegramente en la ciencia que salva vidas —respondió Evelyn de manera tajante, zanjando cualquier debate presupuestario—. Además, el Proyecto Génesis operará bajo un estricto protocolo de código abierto controlado para instituciones de investigación pública sin fines de lucro. No vamos a monopolizar la cura para enriquecernos ciegamente. Vamos a compartir la base de datos con los hospitales infantiles de todo el mundo.
Hubo un silencio de asombro en la sala. Era una decisión empresarial insólita, casi temeraria desde el punto de vista del capitalismo salvaje que Grant solía profesar, pero era moralmente revolucionaria.
—Si logramos que esto funcione, Evelyn, cambiaremos el paradigma de la medicina preventiva global —dijo el doctor Thorne, con los ojos brillando de genuino entusiasmo científico.
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—Ese es exactamente el plan, doctor. Quiero que formen sus equipos hoy mismo. Tienen carta blanca en contrataciones técnicas y recursos computacionales. Demostremos al mundo de qué está hecho realmente el verdadero talento de esta empresa.
La sala estalló en aplausos espontáneos. Evelyn sonrió, satisfecha; estaba construyendo un imperio que sus hijos podrían mirar con profundo orgullo.