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Chapter 39 - El último hilo suelto

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El invierno trajo consigo un aire frío y cortante, pero dentro de la elegante oficina de Evelyn en Ward Innovations, el ambiente era cálido y relajado. Era viernes por la tarde, y la semana de trabajo estaba a punto de concluir. Helena Ward entró en el despacho sosteniendo una última y delgada carpeta, con una pequeña sonrisa asomando en sus labios.

—Tengo buenas noticias, Evelyn. Es un trámite burocrático aburrido, pero inmensamente simbólico —anunció Helena, dejándose caer cómodamente en la silla de visitas.

Evelyn cerró su ordenador portátil y le prestó toda su atención.

—¿De qué se trata esta vez? ¿Algún inversor de riesgo molesto?

—No, hemos liquidado oficialmente y para siempre la última cuenta corporativa de los fondos heredados de la antigua administración. El último fideicomiso secundario que Julian Mercer creó en las Islas Caimán hace años ha sido completamente vaciado, auditado, tributado y cerrado legalmente por el fisco.

Evelyn se reclinó en su silla, asimilando la información. Habían pasado casi cuatro años desde el traumático día en que firmó aquel fraudulento documento de divorcio bajo presión y desprecio en la biblioteca de la antigua mansión familiar. Cuatro años de limpiar incansablemente el fango de mentiras y desfalcos que Grant había sembrado por todo el mundo con arrogancia.

—¿Significa eso que ya no queda absolutamente ningún rastro financiero, por mínimo que sea, de la gestión de Grant o Julian en toda la estructura de esta inmensa compañía? —preguntó Evelyn, queriendo asegurarse.

—Exactamente. Las auditorías del gobierno nos han dado luz verde total e inmunidad corporativa absoluta. La empresa está al cien por cien saneada. El nombre de los Mercer ya no existe ni en la más pequeña y oscura hoja de cálculo de contabilidad. Han sido erradicados de la historia.

Evelyn cerró los ojos por un instante y dejó escapar un largo y profundo suspiro de liberación. Había luchado en cien pequeñas guerras legales, burocráticas y emocionales desde aquel día bajo la lluvia, pero finalmente, el fantasma había sido exorcizado por completo. La victoria no solo era moral; ahora también era matemáticamente absoluta.

—Gran trabajo, Helena. Como siempre. Te mereces unas largas vacaciones después de toda esta locura de años.

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—Tú también te las mereces, amiga mía. Te has ganado cada onza de esta inmensa paz. Disfruta del fin de semana con Eli y respira el aire limpio. Ya no hay más monstruos escondidos bajo las alfombras financieras.

Helena salió del despacho y Evelyn se quedó sola, observando cómo la luz de la tarde bañaba la ciudad a través de los ventanales. El juego de ajedrez había terminado de una vez por todas.

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