Chapter 12 - El sobre blanco

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Grant, radiante bajo los focos y sintiéndose en la cima del mundo, señaló el pesado documento legal encuadernado en cuero que descansaba sobre la mesa de la plataforma.
—El futuro no se detiene por el pasado. Esta noche, frente a todos mis amigos e inversores, voy a asegurar de forma permanente el futuro del próximo heredero Mercer. Voy a firmar un fideicomiso que garantizará la continuidad de nuestra gran empresa familiar.
La audiencia volvió a aplaudir. Era un movimiento maestro de relaciones públicas: proyectar estabilidad, crecimiento y linaje en medio de un turbulento divorcio.
Pero justo cuando Grant desenroscaba la tapa de su estilográfica dorada, se produjo un revuelo en la entrada principal del salón. El prestigioso abogado de asuntos familiares de los Mercer, un hombre corpulento y habitualmente imperturbable, se abrió paso a empujones a través de la multitud vestida de gala.
Llevaba un sobre blanco oficial, sellado con lacre rojo, apretado fuertemente en su mano derecha. Estaba sudando a pesar del aire acondicionado.
Grant frunció el ceño, pero rápidamente recuperó su sonrisa de revista al verlo llegar al pie del pequeño escenario.
—Llegas justo a tiempo, Arthur. Traes los últimos anexos, supongo.
El abogado subió los escalones, pero no devolvió la sonrisa. Su rostro era una máscara de absoluta consternación.
—Señor Mercer —dijo el abogado, con una voz lo suficientemente alta para que los más cercanos al escenario lo escucharan—, antes de que firme ese documento, debe leer urgentemente el resultado del laboratorio que usted mismo autorizó esta mañana. El servicio de mensajería urgente me lo acaba de entregar en el despacho.
Abajo, Celeste dejó de acariciarse el vientre. Su mano quedó congelada en el aire, y su sonrisa se desvaneció, reemplazada por un rictus de pánico.
Grant, visiblemente molesto por la interrupción de su gran momento teatral, tomó el sobre de forma brusca.
—No veo la necesidad de convertir esto en una ridícula ceremonia frente a todos, Arthur. Es un simple trámite médico de rutina.
—La cláusula de paternidad redactada en la página cuatro exige legalmente que el resultado positivo sea incorporado como anexo al fideicomiso antes de su ejecución —insistió el abogado, negándose a retroceder.
Fastidiado, Grant rompió el sello de cera roja con el pulgar y extrajo una única hoja de papel con el membrete del laboratorio genético más prestigioso del estado.
El inmenso salón permaneció inmóvil, contenido en una respiración colectiva, mientras el anfitrión leía el breve informe.
Al principio, Grant solo frunció el ceño, como si hubiera leído una palabra mal escrita. Después, visiblemente confundido, acercó el papel a la luz de los focos, entrecerrando los ojos. Su mano izquierda, que sostenía la copa de champán, quedó suspendida en el aire, temblando ligeramente.
El color de su rostro, antes rojizo por el alcohol y la euforia, desapareció por completo, dejándolo pálido como un cadáver.
—Esto... esto tiene que estar mal. Es un error del laboratorio.
El abogado no respondió, manteniendo la mirada baja.
Grant volvió a leer la última línea del informe en voz alta, su voz rompiéndose.
—¿Probabilidad de paternidad... cero por ciento?
El murmullo estalló en el salón. Doscientas personas comenzaron a susurrar al mismo tiempo. Era un sonido sordo y abrumador, como el zumbido de un enjambre de avispas enfurecidas.
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Celeste, temblando de pies a cabeza, dio un paso desesperado hacia el escenario.
—Grant… por favor, déjame ver eso.