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Chapter 31 - La trampa de Margaret

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A las nueve de la mañana, la sala de videoconferencias de alta seguridad de Mercer Biotech estaba preparada para la conexión transatlántica. Evelyn, vestida con un implacable traje gris oscuro, se sentó en el centro de la mesa. A su lado, Helena Ward organizaba meticulosamente sus documentos, con la vieja y amarillenta carpeta que había encontrado estratégicamente colocada bajo su mano izquierda.

En la gran pantalla plana de la pared, la imagen parpadeó unos segundos antes de mostrar una opulenta oficina en Ginebra, Suiza. Al otro lado de la conexión estaba Margaret Hale, una mujer de setenta años de rostro afilado, cabellos plateados perfectamente peinados y ojos gélidos. La acompañaban tres abogados de semblante severo.

—Buenos días, Evelyn. Me sorprende que hayas accedido a esta reunión preliminar. Supuse que tu arrogancia te llevaría directamente al tribunal, como a mi estúpido sobrino Grant —comenzó Margaret, con una voz cargada de falso veneno aristocrático.

—Buenos días, Margaret. Pensé que sería más eficiente y económico para ambas partes resolver este malentendido antes de que hagas perder el tiempo a los tribunales internacionales con demandas infundadas —respondió Evelyn, su voz tan serena y plana como la superficie de un lago helado.

El abogado principal de Margaret, un hombre calvo con acento holandés, tomó la palabra de inmediato.

—Señora Ward, nuestra demanda no tiene nada de infundada. La jurisprudencia es clara. Dado que el señor Grant Mercer construyó su control accionario sobre documentos constitutivos flagrantemente falsificados, la transferencia forzosa de las acciones de mi clienta hace doce años se produjo bajo fraude estructural. Exigimos la restitución del treinta por ciento del capital, o procederemos a solicitar la congelación de los activos de investigación de su empresa.

Evelyn no se inmutó. Mantuvo la mirada fija en Margaret a través de la pantalla de alta resolución.

—Esa es una teoría legal muy interesante, abogado. Lástima que se base en una premisa totalmente hipócrita y defectuosa.

Margaret sonrió con suficiencia, bebiendo un sorbo de té de una fina taza de porcelana.

—No intentes fanfarronear, Evelyn. Grant te robó la autoría para conseguir poder, y a mí me robó mis acciones para consolidarlo. Somos ambas víctimas de sus falsificaciones. Deberías devolverme lo que es legítimamente mío y de mi hijo Adrian.

—Tu hijo Adrian es un criminal convicto que conspiró para hundir esta empresa desde dentro junto a Julian, Margaret. No tiene derecho a nada, y tú tampoco. Y te voy a demostrar exactamente por qué en este mismo momento.

Evelyn asintió levemente hacia su abogada. Helena Ward abrió la carpeta amarillenta y acercó un documento a la cámara de alta definición para que el equipo europeo pudiera leer el encabezado.

—Señora Hale —intervino Helena, con voz cortante—, este documento es el acuerdo original de capital semilla que usted firmó personalmente hace catorce años para inyectar los primeros fondos en Mercer Biotech, a cambio de su posición accionarial inicial.

Margaret frunció el ceño ligeramente, pero mantuvo su postura altiva.

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—¿Y qué importa ese viejo papel? Es irrelevante para el fraude posterior de Grant.

—Importa todo, Margaret —dijo Evelyn, inclinándose hacia la cámara con una mirada letal—. Porque hemos rastreado el origen de los tres millones de dólares de esa inversión semilla inicial.

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