Chapter 3

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Lo que Valeria, cegada por su propia arrogancia y delirio de grandeza, no había notado, era que la enorme puerta doble de roble macizo de la entrada principal se había abierto silenciosamente hacía unos instantes. Roberto, su esposo, había regresado a casa antes de lo previsto. Llevaba puesto su habitual traje oscuro, con la corbata ligeramente aflojada tras un largo y agotador día de reuniones. Había cancelado su última cita de la tarde porque extrañaba a su hijo y quería sorprender a su esposa con una cena especial. Sin embargo, la sorpresa se la había llevado él. Roberto se quedó petrificado en el umbral que separaba el vestíbulo de la sala principal. Su maletín de cuero pendía pesadamente de su mano derecha.
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Había llegado justo a tiempo para escuchar la risa cruel de su esposa y cada una de las palabras venenosas que habían salido de su boca. Había escuchado cómo llamaba "inútil" a María, pero, sobre todo, había escuchado con absoluta claridad la forma en que ella se refería a él. "Ese pobretón de mi marido". La frase resonaba en su cabeza como un eco ensordecedor. Su rostro, habitualmente sereno y amable, se transformó en una máscara de absoluto choque y una decepción tan profunda que le oprimía el pecho y le dificultaba la respiración. Todo lo que creía saber sobre su matrimonio, sobre la mujer de la que se había enamorado perdidamente, se estaba desmoronando frente a sus propios ojos.
Observó a María, encogida y vulnerable, llorando mientras protegía a su hijo Leo, y luego miró a Valeria, imponente con su falda negra y su blusa de satén rojo, destilando odio y veneno en cada respiración. Roberto sintió que el suelo de mármol desaparecía bajo sus pies. No era rabia lo que sentía inicialmente, sino una tristeza paralizante. ¿Cuánto tiempo llevaba Valeria mostrando esta verdadera cara a espaldas de él? ¿Cuántas veces había humillado a otras personas de esa manera? Dio un paso lento hacia el interior de la sala, con los zapatos de cuero resonando suavemente, anunciando la inminente tormenta.