Chapter 17

|
La impactante proyección del video sumió a la abarrotada sala del tribunal en un silencio sepulcral y absoluto, un silencio tan denso que casi se podía cortar con un cuchillo, roto únicamente por los espantosos gritos grabados de la propia Valeria y el llanto lastimero e incesante del bebé. Los asistentes del público, el estricto juez, los guardias de seguridad e incluso el propio abogado de Valeria, Ricardo Gómez, miraban la gigantesca pantalla con los ojos muy abiertos, con mandíbulas tensas y expresiones mezcladas de profunda incomodidad, incredulidad y un evidente rechazo hacia la mujer proyectada.
La voz de Valeria, reproducida fielmente en el video de alta definición, sonaba cortante, venenosa y alarmantemente carente de cualquier rasgo básico de empatía o humanidad.
—"¡Eres una inútil, una completa inútil!" —se escuchó gritar a la Valeria digital desde los potentes altavoces de la sala, con el dedo índice en alto—. "¡Ese pobretón de mi marido no tiene ni idea de lo que realmente pasa aquí! ¡Y ni te molestes en abrir la boca para contarle algo de esto cuando llegue, porque él jamás te va a creer a ti, una simple empleada!".
Se vio clara y objetivamente en la pantalla a María, la niñera, retrocediendo aterrada hacia una esquina, encorvando su cuerpo para proteger al bebé de los aspavientos agresivos de su patrona, mientras Valeria la amenazaba impunemente con dejarla tirada en la calle sin un solo centavo de liquidación. Luego, el video, en su avance implacable, mostró la silenciosa entrada de Roberto al fondo del encuadre, la caída de su maletín, su rostro destrozado en tiempo real por la traición, y la reacción inmediata de pánico absoluto, sorpresa y cobardía de Valeria al verse repentinamente descubierta en su maldad.
Cuando el breve pero devastador video terminó de reproducirse y las luces del techo de la sala volvieron a encenderse gradualmente, el ambiente era francamente asfixiante e insalvable para la parte de la defensa. Valeria estaba literalmente hundida en su silla de madera, encogida sobre sí misma, pálida como un cadáver, mirando un punto fijo en el escritorio de madera sin atreverse siquiera a respirar profundamente ni a levantar la vista del suelo. Su elaborada, ensayada y falsa fachada de madre sufrida y esposa abusada había sido pulverizada, aplastada y reducida a cenizas humeantes en cuestión de tres humillantes minutos de reproducción multimedia.
May you like
El juez, visiblemente afectado, se quitó lentamente las gafas de lectura, frotándose el puente de la nariz con dos dedos, haciendo una mueca de profundo disgusto hacia la mesa de la defensa.
—Señora Valeria —comenzó el juez, con una severidad en la voz que hizo temblar físicamente a la mujer—. A lo largo de mis largos treinta años de carrera en los juzgados de familia, he visto y presidido miles de casos de divorcio contencioso. He visto todo tipo de mentiras, manipulaciones y engaños bajos. Pero le aseguro que rara vez he presenciado una exhibición tan flagrante, descarada y documentada de crueldad gratuita, arrogancia clasista y una ausencia tan total de instinto maternal básico hacia un infante llorando a escasos centímetros de su propio rostro. Su burdo intento de engañar y manipular a este sagrado tribunal hoy, fingiendo ser una víctima, ha sido verdaderamente lamentable y ofende a esta corte.