Chapter 2

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El ambiente en la sala se volvía cada vez más asfixiante. El llanto del pequeño Leo se intensificaba, pero a Valeria parecía no importarle en absoluto el bienestar de su propio hijo. Su único objetivo en ese momento era destruir la poca dignidad que le quedaba a la joven niñera que estaba de pie frente a ella. Valeria se acercó un par de pasos, invadiendo el espacio personal de María, obligándola a retroceder ligeramente por el miedo. La blusa de satén rojo de la mujer parecía brillar con una luz siniestra bajo los candelabros, reflejando la ira irracional que la consumía por dentro.
—¿Te crees muy lista, verdad? —siseó Valeria, bajando un poco el tono de voz pero cargándolo de un veneno aún más letal—. Crees que porque mi marido es un blando contigo, puedes hacer lo que te dé la gana en mi casa.
—Señora Valeria, el señor Roberto siempre ha sido muy amable y respetuoso, solo sigo sus instrucciones en cuanto al cuidado del niño... —intentó explicar María, tragando saliva con dificultad.
Valeria soltó una carcajada seca, carente de cualquier tipo de humor. Era una risa cruel, diseñada para hacer sentir minúscula a la otra persona, demostrando su complejo de superioridad.
—¡Ese pobretón de mi marido no tiene ni idea de lo que realmente pasa aquí! —exclamó Valeria, con una expresión de total desprecio en su rostro—. Se cree que porque trabaja todo el día en esa oficinita de quinta es el gran proveedor. ¡Es un iluso! Y tú eres una tonta si crees que él puede protegerte de mí.
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María la miró con los ojos muy abiertos, sorprendida por la forma en que Valeria hablaba de su propio esposo, un hombre que siempre se mostraba amoroso y dedicado con ambas.
—Y ni te molestes en abrir la boca para contarle algo de esto —continuó Valeria, apuntándole de nuevo con el dedo amenazador—. ¡Él jamás te va a creer! Eres una simple niñera reemplazable, yo soy su esposa. Así que te callas y limpias este desastre ahora mismo, antes de que te eche a la calle sin un solo centavo.