Chapter 18

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El abogado de Valeria, Ricardo Gómez, sudando profusamente, se puso en pie a trompicones e intentó balbucear una defensa desesperada y desarticulada, argumentando que su clienta sufría de episodios de estrés severo agudo y sacando a relucir excusas psiquiátricas vagas sin haber presentado previamente ningún fundamento médico en el expediente, pero el juez, perdiendo la paciencia, cortó su inútil intervención de forma tajante y definitiva. El pesado mazo de madera golpeó la base del estrado con una fuerza implacable que resonó en el amplio recinto como un trueno anunciando el veredicto.
—El tribunal ha escuchado y, sobre todo, ha visto evidencia suficiente e incontestable —declaró el magistrado con voz retumbante, mirando a Valeria con un profundo e inocultable desdén—. En base a las sólidas e irrefutables pruebas documentales y audiovisuales presentadas hoy por la representación legal de la parte demandante, este juzgado dictamina formalmente que el ambiente doméstico generado y fomentado por la madre representa un riesgo severo, inminente y comprobado para el bienestar físico, psicológico y emocional del menor involucrado. Por lo tanto, con el fin de proteger al niño, otorgo inmediatamente la custodia total, absoluta y permanente del menor Leo Montenegro a su padre biológico, el señor Roberto Montenegro, suspendiendo el régimen de visitas de la madre hasta nueva evaluación psiquiátrica.
Un suspiro de inmenso, profundo y reparador alivio escapó sonoramente de los labios de Roberto. Dejó caer la cabeza hacia atrás, cerró los ojos fuertemente y agradeció en un susurro silencioso a su amigo y abogado, sintiendo que por fin salvaba la vida de su hijo.
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—En cuanto a la división patrimonial y de bienes conyugales —continuó el juez implacable, pasando las pesadas páginas de un grueso expediente colocado frente a él—, noto que ambas partes, por iniciativa propia antes del matrimonio, firmaron un acuerdo prenupcial muy claro, detallado y legalmente vinculante, estipulando la separación total de bienes en caso de que el divorcio se diera por causales graves comprobadas de abuso o deslealtad. Dado que la propia señora Valeria ha admitido, y ha quedado registrado en video, su enorme menosprecio, abuso verbal y manipulación consciente hacia su cónyuge, esta corte validará y ejecutará de inmediato las cláusulas punitivas más estrictas de dicho documento prenupcial. La demandada recibirá única y exclusivamente la compensación mínima legal y estándar establecida por las leyes del estado, sin ningún derecho a exigir pensión alimenticia vitalicia, ni tendrá acceso de ningún tipo al vasto patrimonio financiero generado por la empresa del señor Montenegro durante la duración del matrimonio, ni se le otorgará el uso, goce o disfrute de la residencia familiar.
Valeria soltó un grito ahogado, ronco y primitivo, llevándose ambas manos al rostro. Lo había perdido absolutamente todo de un plumazo judicial. La enorme fortuna que secretamente anhelaba, la majestuosa casa de la que se sentía dueña, y la cómoda vida de lujo que tanto amaba y por la cual creía tener el derecho de pisotear y humillar a los demás. Se levantó de golpe de su silla, derribándola hacia atrás, con los ojos llenos de lágrimas de pura rabia impotente, pero su asustado abogado la jaló rápidamente del brazo con fuerza, obligándola a sentarse de nuevo casi a la fuerza, sabiendo perfectamente que un estallido de ira incontrolable en ese momento específico podría costarle fácilmente a su clienta enfrentar cargos penales adicionales por desacato a la autoridad. Estaba arruinada; atrapada de por vida en la densa telaraña de su propia e insensata maldad.