Chapter 15

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El temido día de la audiencia preliminar llegó mucho más rápido de lo esperado. Los pasillos del imponente juzgado de familia estaban abarrotados de gente y el ambiente en el interior de la sala era tenso, denso y extremadamente formal. Roberto entró al amplio tribunal acompañado de su abogado principal, Fernando Silva, vistiendo un traje gris Oxford de corte impecable. Roberto mantuvo el rostro estoico en todo momento, mirando al frente, sin mostrar externamente ninguna emoción, a pesar del enorme nudo de nervios que sentía oprimiéndole el estómago. Minutos después, haciendo resonar sus pasos, Valeria hizo su gran y dramática entrada junto a su desaliñado abogado, Ricardo Gómez. Para sorpresa de Roberto, ella llevaba un vestido inusualmente modesto y cerrado, el cabello recogido en un moño simple y apenas un rastro de maquillaje, luciendo a la perfección el estudiado papel de la madre abnegada, humilde y profundamente sufrida que había sido injustamente arrancada de los brazos de su hijo.
El juez, un hombre mayor de semblante severo y cansado, golpeó su pequeño mazo, llamó al orden a los presentes y dio inicio oficial a la sesión. El abogado de Valeria, buscando tomar la iniciativa, fue el primero en pedir y tomar la palabra, levantándose con aires de grandeza.
—Su señoría, mi representada, la señora Valeria aquí presente, es una víctima clásica de un marido extremadamente controlador, abusivo e infiel. El señor Roberto Montenegro la expulsó violentamente de su único hogar a altas horas de la fría noche, de manera cruel e inhumana, sin permitirle empacar, negándole desde ese día el derecho fundamental y divino de ver y amamantar a su propio hijo. Todo esto, su señoría, lo hizo para proteger y encubrir a una joven empleada doméstica con la que, basándonos en indicios fuertes, presumimos que el señor mantiene una relación romántica y totalmente inapropiada. Solicitamos respetuosamente a esta corte la restitución inmediata de la custodia del menor a su madre, así como el retorno incondicional de la residencia familiar a favor de mi clienta para garantizar el bienestar del niño.
Valeria, siguiendo su guion, se llevó un pañuelo blanco de tela a los ojos, fingiendo un llanto silencioso, tembloroso y visualmente conmovedor. Algunos asistentes sentados en los bancos de la sala murmuraron entre sí, sintiendo una evidente lástima por la actuación de la mujer.
Roberto mantuvo la mirada clavada al frente, apretando los puños con tal fuerza debajo de la mesa de madera que sus uñas se clavaron en sus palmas. Fernando Silva, su abogado, notando su tensión, le dio unas suaves y tranquilizadoras palmaditas en el hombro, sonriendo ligeramente con una confianza absoluta.
—Es tu turno, Fernando. Por favor, acaba con este grotesco circo de una vez por todas —murmuró Roberto por lo bajo, incapaz de soportar más mentiras.
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Fernando asintió, se puso de pie con elegancia, arreglándose lentamente la solapa del saco. Caminó con pasos seguros hacia el centro geométrico de la sala, sosteniendo únicamente un pequeño dispositivo USB en su mano derecha, el cual brillaba amenazadoramente bajo las potentes luces fluorescentes del tribunal.
—Su señoría, con todo el respeto debido, la desgarradora historia que acaba de relatar con tanta pasión el colega de la contraparte es, sin duda, verdaderamente conmovedora y digna de un premio de actuación. Es una verdadera lástima que sea, en su totalidad, una absoluta, total y fácilmente comprobable ficción inventada para difamar a mi cliente.