Chapter 23 - La despedida del marinero

|
El funeral fue íntimo y sereno, exactamente como él lo hubiera querido. Nos reunimos en un pequeño cementerio cerca de la costa, donde podía escucharse el murmullo lejano de las olas rompiendo contra los acantilados. Había llovido por la mañana, y el aire olía a tierra mojada y salitre.
Claudia y Pablo estuvieron a mi lado en todo momento, sosteniéndome cuando el dolor amenazaba con doblarme las rodillas. Lloramos, sí, pero era un llanto limpio. No había cuentas pendientes, ni palabras no dichas, ni arrepentimientos. Le habíamos dado la mejor de las despedidas y los últimos años de su vida habían estado llenos de paz en nuestro hogar.
Mateo también asistió. Se mantuvo en un discreto segundo plano durante la ceremonia, respetando el dolor familiar, pero cuando los invitados comenzaron a marcharse, se acercó lentamente y me envolvió en un abrazo firme y silencioso. Su pecho era un refugio cálido contra la brisa helada.
—Lo siento muchísimo, Elena —murmuró contra mi cabello—. Era un hombre excepcional. Se notaba en la forma en que te miraba.
—Gracias por venir, Mateo. Significa mucho para mí que estés aquí.
—No estaría en ningún otro sitio. Tómate el tiempo que necesites, yo me encargaré de revisar tus plazos urgentes en el juzgado para que no tengas que preocuparte de nada.
May you like
El gesto de Mateo me recordó lo diferente que era mi vida ahora. Cuando estaba con Tomás y mi madre falleció, él se excusó con un viaje de negocios a los dos días y me recriminó que mi tristeza afectaba a mis "obligaciones" sociales. Mateo, en cambio, no pedía nada. Solo ofrecía su hombro, su tiempo y su apoyo incondicional.
Al ver bajar el ataúd a la tierra, no sentí que estuviera enterrando a mi padre, sino plantando sus enseñanzas en lo más profundo de mi ser. Me juré a mí misma honrar su memoria de la mejor manera que sabía: siendo libre, siendo dueña de mi vida y no cediendo el timón ante ninguna tempestad. Era el momento de soltar amarras y zarpar hacia mi propio horizonte.