Chapter 15 - La visita inesperada

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Dos días después, la tranquilidad de la oficina se vio interrumpida por una visita que no figuraba en mi agenda. Beatriz, que había ascendido a jefa de administración en la firma, entró en mi despacho con el ceño fruncido.
—Elena, tienes una visita en la recepción. Es Marta, la hermana de Tomás. Dice que no se marchará hasta que la recibas.
Suspiré. Hacía años que no hablaba con mi excuñada. Marta siempre había sido una mujer pasiva, cómplice silenciosa de las ambiciones desmedidas de su hermano. Le pedí a Beatriz que la hiciera pasar, dispuesta a zanjar el asunto con rapidez.
Marta entró nerviosa, retorciendo la correa de su bolso. Parecía cansada.
—Hola, Elena. Siento presentarme así —murmuró, sentándose al borde de la silla—. Sé que no quieres saber nada de nosotros, pero estoy desesperada.
—¿Qué necesitas, Marta? Mi tiempo es limitado hoy.
—Es sobre Tomás. Tiene la oportunidad de acceder al tercer grado, pero la junta de tratamiento está evaluando su perfil psicológico y su red de apoyo. Su abogado dice que si tú escribieras una carta al juez... solo confirmando que él no supone un peligro, que es un buen padre, eso ayudaría mucho.
La miré fijamente, incrédula ante el atrevimiento.
—Marta, ¿me estás pidiendo que mienta a un juez para facilitar la salida del hombre que intentó dejarme en la calle y que falsificó mi firma durante meses?
—Él ha cambiado, Elena. La cárcel lo ha destrozado. Llora por los niños todos los días.
—Los niños tienen mi teléfono y saben dónde vive su abuelo. Si Tomás no los ve, es porque sus propios actos levantaron ese muro, no yo.
—¡Es su padre! —alzó la voz Marta, con los ojos llorosos—. No puedes ser tan fría. Ya le quitaste la empresa.
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—Yo no le quité nada. La justicia le quitó la empresa porque era un delincuente —le contesté con voz gélida, poniéndome en pie para dar por terminada la reunión—. Dile al abogado de Tomás que no cuente conmigo. No voy a interponerme en su condena, pero tampoco voy a mover un solo dedo para aliviarla. Él eligió su camino. Ahora debe caminarlo solo.
Marta comprendió que no había nada más que discutir. Se levantó y salió de mi despacho a paso apresurado. Al cerrar la puerta, sentí que por fin había blindado todas las ventanas de mi vida contra el pasado.