Chapter 14 - La carta de la prisión

|
Esa noche llegué a casa más tarde de lo habitual, con la mente aún dando vueltas a los flujos de capital del caso Santaló. Al dejar las llaves sobre la consola del recibidor, me fijé en el montón de correo que mi padre había recogido del buzón. Entre facturas y revistas, destacaba un sobre blanco, arrugado en los bordes, con un sello del centro penitenciario estatal.
El corazón me dio un vuelco momentáneo. Era la caligrafía de Tomás.
Habían pasado varios años desde su condena, y hasta ahora, su silencio había sido la única tregua real en mi vida. Me quedé inmóvil en el pasillo, sosteniendo el sobre. La Elena del pasado habría abierto la carta de inmediato, consumida por la ansiedad, la culpa o la necesidad de entender por qué todo se rompió.
—¿Todo bien, mamá? —preguntó Pablo, saliendo de la cocina con una manzana en la mano. Ya estaba casi tan alto como su abuelo, un adolescente sensato y protector.
Oculté el sobre instintivamente, pero él ya lo había visto.
—¿Es de él? —preguntó Pablo, su tono oscureciéndose al instante. Nunca le llamaba "papá" si podía evitarlo.
—Sí —admití, sin querer mentirle.
—¿Vas a leerla?
Miré el sobre. Pensé en las mentiras que Tomás había tejido para arruinarme, en la humillación pública, en el terror financiero. Pensé también en la paz de mi hogar actual, en la risa de Claudia y en el olor a barbacoa en el jardín. Nada de lo que él pudiera escribir en aquellas páginas merecía alterar mi presente. Ni sus disculpas, ni sus reproches, ni sus manipulaciones tenían ya poder sobre mí.
—No —respondí con firmeza.
May you like
Caminé hacia el pequeño cesto de reciclaje de papel que teníamos en el estudio y dejé caer la carta sin abrirla. No sentí rabia, ni siquiera tristeza. Solo una profunda y liberadora indiferencia.
Pablo me dedicó una media sonrisa, le dio un mordisco a su manzana y volvió a la cocina. Yo me quité los zapatos, desabroché mi abrigo y fui a abrazar a mi padre, dejando al fantasma de Tomás encerrado en su celda y en el olvido.