Chapter 13 - El abogado

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Para enfrentar a los abogados de Diego Santaló, Fernando asignó al caso a uno de los litigantes externos con los que nuestra firma colaboraba a menudo: Mateo Vargas. Mateo era un abogado brillante, implacable en los tribunales, pero con una calidez humana que contrastaba fuertemente con la frialdad habitual de su profesión.
Nos reunimos el jueves por la mañana en la sala de juntas. Había extendido sobre la mesa enormes sábanas de papel con los diagramas de flujo que había diseñado durante la noche anterior.
—Fíjate en esto, Mateo —dije, señalando un nodo en el diagrama con el reverso de mi bolígrafo—. Diego no está robando el dinero directamente. Está utilizando un esquema de sobrecostes. Paga facturas infladas en un cuarenta por ciento a tres subcontratas de materiales.
Mateo se inclinó sobre la mesa, analizando los nombres de las empresas. Su proximidad traía un ligero olor a café y madera.
—Si logramos demostrar que esas subcontratas están a nombre de testaferros vinculados a él, tenemos el caso ganado por administración desleal —comentó Mateo, mirándome con genuina admiración—. Has destapado en tres días lo que su departamento contable lleva ocultando dos años. Eres increíble, Elena.
—Solo hay que saber cómo piensa un cobarde con poder —respondí, apartando la mirada para disimular el leve rubor que sus palabras habían provocado—. Diego cree que es invulnerable porque siempre ha subestimado a su hermana. Esa arrogancia es su mayor debilidad.
—Entonces vamos a usarla en su contra. Voy a solicitar un requerimiento judicial para abrir el velo societario de estas tres empresas de materiales. Si Diego intenta mover un solo euro más, quedará registrado.
—Asegúrate de pedir medidas cautelares sobre la casa de Valeria. No quiero que el banco intente ejecutar la garantía mientras peleamos.
Mateo asintió, recogiendo sus documentos.
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—Lo haré a primera hora. Hacemos un buen equipo, Elena. Tu análisis financiero y mi artillería legal. Diego Santaló no sabe la tormenta que se le viene encima.
Sonreí mientras lo veía salir de la sala. Por primera vez en mucho tiempo, trabajar codo a codo con un hombre no me hacía sentir infravalorada, sino profundamente respetada.