Chapter 9 - El interrogatorio

La hermana menor permaneció completamente inmóvil junto al umbral de la puerta, como si una maldición la hubiera petrificado en el lugar. Su rostro, habitualmente maquillado a la perfección, estaba ahora tan pálido y demacrado que parecía un fantasma errante bajo la luz dorada y cálida de la lámpara infantil. Isabella dio un paso firme y decidido hacia ella, acortando la escasa distancia que las separaba con una actitud feroz y protectora. Su voz, que antes se había quebrado por el miedo y el shock de ver el ácido derritiendo el piso, ahora se teñía de una urgencia desesperada, autoritaria y francamente amenazante. Era la voz de una madre dispuesta a destruir el mundo entero para proteger a su cría.
—¡Respóndeme de una maldita vez, Valeria!
—exigió la madre, alzando la voz y agarrando a su hermana fuertemente por los hombros, sacudiéndola con una violencia inusitada que hizo que la bata verde resbalara levemente—.
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¿Tú bajaste sola a la cocina grande? ¿Tú fuiste quien preparó el maldito biberón de mi hijo esta noche? ¡Dímelo ahora mismo!
Durante unos segundos agónicos que parecieron durar toda una vida, nadie dijo una sola palabra en la inmensa mansión. El bebé seguía durmiendo plácidamente en su cuna, su pecho subiendo y bajando con tranquilidad, completamente ajeno a la terrible y mortal tragedia que se desarrollaba a escasos dos metros de él. Rosa, aún sentada en el suelo cerca del charco de ácido humeante, observaba la escena sin atreverse a intervenir, con el corazón latiendo a mil por hora. Finalmente, al verse completamente acorralada y sin escapatoria, Valeria bajó lentamente la cabeza, derrotada, incapaz de sostener la mirada ardiente y acusadora de su hermana mayor. Sus hombros se desplomaron en un gesto de absoluta sumisión y culpabilidad que heló la sangre de Isabella.