Chapter 8 - La sospecha

Isabella se puso de pie muy lentamente, apoyando una mano en el barandal de la cuna de su bebé, sintiendo de pronto que el sólido suelo bajo sus pies ya no era un lugar seguro. Las piezas del macabro rompecabezas comenzaban a encajar y a formar una imagen absolutamente aterradora en su mente. Su propia familia, su misma sangre, estaba en la casa esa noche. El complejo sistema de seguridad exterior de la mansión era impenetrable; había guardias armados en el perímetro y alarmas en cada puerta y ventana. Nadie de afuera, ningún extraño ni enemigo de los negocios de su marido, podría haber entrado con tanta facilidad hasta la cocina para manipular el biberón y salir sin ser detectado. El enemigo dormía bajo su propio techo. Con el rostro empapado en lágrimas que ahora mezclaban la tristeza con una furia implacable, la madre levantó su brazo tembloroso y señaló directamente a su hermana menor, extendiendo un dedo acusador que parecía pesar mil kilos.
—Valeria…
—la voz de Isabella salió como un susurro ronco, apenas audible, pero profundamente cargado de incredulidad, dolor y una amenaza latente—.
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Valeria, mírame a los ojos. ¿Tú preparaste la leche del niño hoy?
La simple pregunta flotó en el aire viciado de la habitación, pesada, oscura y sumamente amenazante. Conocía a su hermana mejor que nadie; conocía sus celos históricos, sus problemas financieros y el resentimiento acumulado durante años por la desigual distribución de la inmensa herencia de sus padres. Valeria tragó saliva sonoramente, sus ojos muy abiertos y desorbitados reflejando el pánico absoluto. Retrocedió medio paso más hacia la puerta de salida, pero no emitió ningún sonido. Su silencio ensordecedor era, para Isabella, más incriminatorio que cualquier confesión gritada a los cuatro vientos. La tensión en la habitación podía cortarse con un cuchillo.