Chapter 18 - La amenaza final

Con un movimiento fluido y desprovisto de cualquier duda, Elena metió la mano libre en el amplio bolsillo de su abrigo oscuro y sacó un pesado revólver plateado de cañón corto. Sin titubear, apuntó el arma de fuego directamente al pecho de Isabella. El brillo metálico del arma contrastaba horriblemente con la decoración infantil e inocente de la habitación.
—Mi plan era absolutamente perfecto desde el principio.
—continuó Elena, paseando su mirada llena de desprecio hacia el charco burbujeante de ácido esparcido en el suelo de mármol—.
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La estúpida, ingenua y celosa de tu hermana Valeria preparó la leche y dejó sus huellas dactilares por todas partes. Cuando el niño muriera envenenado con los químicos industriales que robé, los investigadores encontrarían su historial de deudas y su rivalidad contigo. Ella sería la única y perfecta culpable a los ojos de la justicia y de la prensa. Yo solo tendría que sentarme cómodamente en las sombras a observar cómo esta repulsiva familia se destruía a sí misma desde adentro, consumida por el dolor y la traición. Pero tú, maldita niñera entrometida, tuviste que arruinarlo todo. Tuviste que usar tus sucios instintos para estropear mi obra maestra.
Rosa, impulsada por un valor sobrehumano y un instinto protector inquebrantable, no retrocedió ante la amenaza del arma de fuego. En cambio, se colocó valientemente frente a la cuna de madera, escudando al pequeño bebé dormido con su propio cuerpo, dispuesta a recibir el impacto mortal. Valeria, aún temblando de pies a cabeza por el miedo y la revelación, agarró fuertemente con ambas manos una pesada lámpara de bronce de la mesa de noche más cercana, dispuesta a defender la sangre de su familia hasta las últimas consecuencias. Las tres mujeres sabían que no tenían escapatoria; tendrían que pelear por sus vidas en ese mismo instante.