Chapter 34 - Rosa’s Street Smarts

En medio del infierno de balas que llovía sobre el vehículo blindado, cuya resistencia comenzaba a ceder peligrosamente bajo el intenso y continuo asalto armado, el pánico paralizó a todos excepto a una persona. Mientras los experimentados guardaespaldas de élite devolvían el fuego desesperadamente y don Ernesto trataba de comunicarse por radio con la policía, Rosa, impulsada por sus años de supervivencia en los barrios más duros y marginales de la ciudad, mantuvo una asombrosa y envidiable sangre fría. Sabía que quedarse atrapados dentro de la camioneta equivalía a una sentencia de muerte segura y espantosa. "¡No podemos quedarnos aquí, van a volar el auto entero!", gritó Rosa por encima del ensordecedor ruido de las ametralladoras. Con una rapidez impresionante, Rosa evaluó el entorno a través de la ventana trasera destrozada. Notó que el vehículo había quedado bloqueado muy cerca del borde del puente elevado, justo sobre un sistema de alcantarillado industrial y una serie de escaleras de mantenimiento que bajaban hacia la zona de fábricas abandonadas. Sin esperar órdenes, Rosa agarró al pequeño Mateo, lo envolvió firmemente en su chaqueta para protegerlo de los cristales voladores, y miró fijamente a Isabella a los ojos, transmitiéndole un valor inquebrantable. "¡Sígame, señora, no mire atrás!", ordenó con una autoridad sorprendente. Aprovechando una breve pero crucial recarga de armas de los atacantes, Rosa pateó la puerta atascada, tomó a Isabella de la mano y corrió agachada a través de la densa nube de humo y el fuego cruzado. Las balas silbaban aterradoramente cerca de sus cabezas, pero Rosa no titubeó ni un solo segundo. Con agilidad, deslizó a Isabella y al bebé por el estrecho y oxidado hueco de la escalera de mantenimiento de la autopista, desapareciendo en las sombras y las profundidades de la zona industrial, lejos de la trampa mortal de los sicarios, demostrando una vez más que su instinto protector era el arma más poderosa de toda la familia.