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Chapter 23 - The Room of Honor

Una vez que la policía y los forenses se retiraron finalmente de la propiedad al caer la tarde, la inmensa mansión quedó sumida en un silencio sepulcral, roto únicamente por el suave llanto ocasional del pequeño Mateo. Isabella tomó una decisión radical y contundente, impulsada por un deseo irrefrenable de enmendar, al menos en parte, el inmenso daño que había causado con su ceguera y arrogancia. Llamó a las otras empleadas del servicio y les dio una orden que dejó a todas absolutamente perplejas. "Preparen de inmediato la suite principal de invitados del ala este. A partir de esta misma noche, esa será la habitación permanente de Rosa", ordenó con firmeza. La suite del ala este era conocida por ser la más grande y lujosa de toda la casa, reservada exclusivamente para visitas de la alta nobleza o políticos influyentes; contaba con un baño de mármol de Carrara, un balcón privado con vistas a los jardines de rosas y una cama con dosel de seda pura. Rosa, abrumada por la fatiga y el dolor físico de sus heridas, intentó protestar fervientemente. "Señora Isabella, por favor, no es necesario. Mi pequeño cuarto junto a la lavandería está perfectamente bien para mí, soy solo una empleada", balbuceó la niñera, sintiéndose fuera de lugar ante semejante muestra de lujo desmedido. Pero Isabella se acercó a ella, le tomó las manos vendadas con una suavidad reverencial y la miró a los ojos con una determinación absoluta. "Tú ya no eres una simple empleada en esta casa, Rosa. Eres mi hermana. Eres la madre de corazón de Mateo. Has sangrado por mi familia, y mientras yo tenga un aliento de vida, jamás volverás a dormir en un cuarto de servicio ni te faltará absolutamente nada en este mundo", sentenció la millonaria. Valeria, apoyada en el marco de la puerta, sonrió con aprobación, sabiendo que este era solo el primer y necesario paso hacia la redención total de su hermana mayor.

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