Fastnews

Chapter 9

Las puras y dolorosas palabras de la pequeña Lucía resonaron profundamente en el corazón de Alejandro con la inmensa fuerza de un martillazo demoledor. El exitoso y respetado empresario, acostumbrado a lidiar diariamente con cifras millonarias, presidir reuniones internacionales y combatir contra corporaciones despiadadas, se sintió de pronto inmensamente pequeño, ridículo e ignorante ante la brutal realidad que enfrentaba día a día una niña de apenas ocho años. Había estado tan ciego, tan inmerso en su propia e impenetrable burbuja de lujos, privilegios y negocios constantes, que jamás imaginó las verdaderas tragedias humanas que se escondían en los oscuros callejones de su propia ciudad.

Sintió una profunda e insoportable vergüenza de sí mismo y de su ceguera social, y al mismo tiempo, un repudio absoluto y feroz por la mujer con la que había compartido su vida. Victoria lo tenía absolutamente todo: inmensos lujos, dinero infinito, comodidades excesivas y total seguridad, y sin embargo, su corazón estaba completamente podrido por la ambición y el egoísmo, siendo capaz de intentar asesinar a un inocente bebé. Por otro lado, Lucía no tenía absolutamente nada, ni siquiera una delgada manta para el frío, y aun así había sacrificado su escasa comida y su propia seguridad para salvar heroicamente a un bebé desconocido.

Alejandro se levantó lentamente de su sillón acolchado, se acercó a la cama del hospital y, cayendo pesadamente de rodillas, tomó las pequeñas y frágiles manos de Lucía entre las suyas.

—Eres el ser humano más valiente y extraordinario que he conocido en toda mi vida, mi pequeña Lucía —le dijo con una sinceridad absoluta, con los ojos oscuros brillando llenos de lágrimas retenidas—. Salvaste a mi hijo. Te convertiste en su ángel guardián personal cuando las personas que debían protegerlo y amarlo lo abandonaron cobardemente a su suerte en la basura.

La niña lo miró, sumamente sorprendida por las emotivas palabras del hombre grande e imponente que lloraba frente a ella.

May you like

—No podía dejarlo morir ahí solito, señor Alejandro. Los niños pequeños no tienen la culpa de las cosas tan malas que hacen los adultos egoístas.

—Tienes toda la razón del mundo —asintió Alejandro con una firmeza renovada—. A partir de hoy, te juro solemnemente que los adultos a tu alrededor harán las cosas bien. Ya no tendrás que escapar de nadie, ni dormirás en la calle, ni tendrás que volver a sentir miedo. Mateo y tú estarán juntos siempre. Voy a iniciar los trámites legales y contactar a mis abogados inmediatamente para convertirme en tu tutor oficial, si tú me lo permites. Quiero que vengas a vivir a mi casa, protegida como mi propia hija.

Other posts