Chapter 11


Mientras Alejandro y Lucía experimentaban la inmensa y pura alegría de las maravillosas noticias en la seguridad del hospital, en el oscuro y muy frío centro de detención temporal, Victoria buscaba desesperadamente una salida rápida al laberinto legal y mediático en el que ella misma se había metido por su crueldad. Su prestigioso y antiguo abogado la había abandonado a su suerte, pero gracias a los oscuros y caros contactos que aún mantenía en el bajo mundo, logró contratar rápidamente a un nuevo defensor sin escrúpulos éticos, conocido por ganar casos difíciles mediante tácticas de intimidación salvaje y grandes sobornos.
El nuevo abogado, un hombre muy delgado con un traje gris arrugado y una mirada escurridiza, se sentó frente a Victoria en la pequeña, vigilada y deprimente sala de visitas de la dura prisión estatal.
—La situación actual es sumamente grave y delicada, señora Montenegro —comenzó el abogado corrupto, abriendo su maletín de cuero gastado sobre la mesa—. Tenemos en contra la confesión jurada de la enfermera principal de la clínica privada que usted sobornó el mes pasado. Ella declaró oficialmente esta misma mañana ante el fiscal que usted le pagó una gran fortuna en efectivo para falsificar el acta de defunción del bebé y poder sacarlo discretamente por la puerta trasera del recinto.
Victoria golpeó la mesa metálica con furia salvaje, sus ojos inyectados en sangre demostrando su desequilibrio.
—¡Esa estúpida y malagradecida enfermera es una mentirosa! Todo esto es una conspiración asquerosa inventada por esa vagabunda de la calle para robarme a mi marido. Si logramos silenciar permanentemente a esa niña asquerosa, el caso de Alejandro se debilita enormemente. Ella es el único testigo visual principal. Sin su patética declaración llorosa en el estrado, el jurado solo tendrá pruebas circunstanciales. ¡Tienes que hacer que desaparezca hoy mismo o que cambie por completo su ridícula historia! —exigió Victoria, destilando veneno puro en cada palabra, demostrando que no sentía ningún tipo de arrepentimiento por sus crímenes.
El abogado sonrió con malicia, asintiendo lentamente mientras guardaba los papeles.
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—Comprendo perfectamente su agresiva estrategia legal. A las personas vulnerables de esa baja clase social es muy fácil asustarlas mortalmente o comprarlas con un par de billetes grandes. Enviaré a algunos de mis "asociados" especiales al hospital hoy mismo. Haremos que la pobre niña entienda rápidamente que testificar contra una mujer como usted sería el peor y último error de su corta vida. Le prometo firmemente que para el día del esperado juicio, esa mocosa cobarde no dirá ni una sola palabra.
Lo que ninguno de los dos retorcidos conspiradores imaginaba en absoluto era que el inteligente detective Ramírez, sospechando ampliamente de los movimientos turbios de Victoria, había ordenado con un juez grabar secretamente todas sus conversaciones en la prisión, sellando aún más su inevitable y duro destino tras las rejas.