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Chapter 15

El amplio interior de la inmensa sala del tribunal estaba totalmente abarrotado de curiosos y prensa, y el ambiente estaba cargado de una tensión eléctrica y palpable. El juez presidente, un hombre mayor y sumamente severo con décadas de intachable experiencia legal, golpeó su grueso mazo de madera exigiendo silencio absoluto antes de iniciar formalmente la sesión. En el apartado banquillo de los acusados, Victoria lucía verdaderamente irreconocible. Lejos de la elegancia despampanante y millonaria del vestido rojo de aquella noche de gala, ahora llevaba puesto el austero y humillante uniforme naranja de la prisión estatal. Su perfecto cabello rubio había perdido todo su brillo, su rostro arrugado carecía de su costoso maquillaje y sus ojos reflejaban el pánico salvaje y errático de un animal brutalmente acorralado.

El brillante y agresivo fiscal del distrito comenzó su implacable y rápido interrogatorio llamando al estrado a la antigua enfermera jefa de la prestigiosa clínica privada. La mujer, consumida por la culpa, relató, bajo juramento solemne y con voz muy temblorosa, cómo Victoria la había sobornado con grandes fajos de billetes y amenazado gravemente para falsificar los registros médicos oficiales, declarando al pequeño y sano Mateo como nacido muerto, para luego sacarlo cruelmente del hospital escondido durante una horrible tormenta.

Cuando fue el turno de la defensa para hablar, el nuevo y cuestionable abogado de Victoria intentó desacreditar torpemente a la enfermera argumentando que ella actuó sola por pura codicia económica y que su adinerada clienta sufría de una depresión posparto severa e incontrolable, nublando su juicio racional por completo. Era una táctica vil y desesperada para buscar lástima barata en los miembros del jurado.

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Finalmente, la propia y arrogante Victoria fue llamada a declarar en su propia defensa. Caminó hacia el alto estrado con pasos pesados y una postura falsa. Durante el cuidadoso interrogatorio de su propio abogado, lloró falsamente lágrimas de cocodrilo, afirmando con sollozos actuados que estaba profundamente confundida y que nunca jamás quiso hacerle daño al hermoso bebé, culpando a las agobiantes presiones de la estricta alta sociedad y a la supuesta ausencia constante de Alejandro en su matrimonio.

Pero el astuto fiscal no tuvo piedad alguna durante su turno en el contrainterrogatorio. Mostró triunfante al jurado las recientes grabaciones secretas de la cárcel obtenidas por la policía, donde Victoria conspiraba fríamente y sin remordimientos para golpear y amenazar a la pequeña Lucía en el hospital. Al verse públicamente expuesta y totalmente atrapada en sus propias, crueles y ruines mentiras, la perfecta fachada de mujer arrepentida de Victoria se hizo pedazos en un instante. Perdió los estribos por completo, gritó insultos vulgares hacia Alejandro y culpó agresivamente a todos a su alrededor de su desgracia, demostrando ante el estupefacto jurado y ante el mundo entero su verdadera, monstruosa y peligrosa naturaleza narcisista.

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