Chapter 17


Tras varios extenuantes días de intensos y dolorosos testimonios, la cuidadosa presentación de pruebas abrumadoras de la policía y unos feroces alegatos finales llenos de drama legal, el destino de la ambiciosa Victoria estaba finalmente en manos de los doce miembros del jurado. La tensa deliberación fue sorprendentemente rápida. En menos de cuatro horas, un tiempo récord, el jurado informó al alguacil de turno que habían llegado a un veredicto completamente unánime y sin dudas.
La inmensa sala del tribunal se llenó nuevamente hasta el tope, el ambiente era denso y sumamente expectante. Alejandro se sentó muy derecho en su banco de madera, sosteniendo fuertemente la mano de la pequeña Lucía, infundiéndole paz. Victoria, de pie junto a su pálido abogado, sudaba frío a mares, temblando visiblemente al darse cuenta, por primera vez en su vida, de que su inmenso dinero y su falso estatus de poder ya no podían salvarla de la justicia terrenal.
El severo juez leyó con cuidado el documento sellado que le entregó el portavoz del jurado. Su dura expresión era completamente ilegible, sumamente severa y solemne.
—En el gravísimo cargo de fraude reiterado y falsificación de documentos médicos oficiales, encontramos a la acusada... culpable —leyó el juez, su voz profunda retumbando en las paredes de madera del recinto—. En el grave cargo de abandono de un menor indefenso en peligro inminente de muerte, culpable. Y en el cargo principal de intento de homicidio agravado en primer grado con premeditación, encontramos a la acusada... culpable.
Un fuerte y liberador murmullo de gran aprobación estalló entre el público y la abarrotada prensa, pero fue rápidamente silenciado por el fuerte golpe del mazo del juez. Victoria lanzó un grito sumamente agudo y desgarrador, desplomándose débilmente sobre la mesa de su defensa, llorando histérica e incontrolablemente. Sus falsas súplicas de misericordia cayeron en oídos completamente sordos.
May you like
—Señora Montenegro —dictaminó el juez, mirándola desde arriba con un profundo y merecido desprecio—, sus crueles actos demuestran una falta absoluta de humanidad y empatía. Por sus múltiples y aberrantes crímenes contra un inocente, la condeno a cumplir treinta y cinco largos años en la dura prisión federal de máxima seguridad para mujeres, sin ninguna posibilidad de acceder a la libertad condicional por los primeros veinticinco años. Guardias, llévensela de mi corte ahora.
Mientras los corpulentos oficiales arrastraban a una histérica y deshecha Victoria hacia las puertas laterales para llevarla a cumplir su larga y oscura condena, Alejandro miró a Lucía y le dedicó una sonrisa llena de inmensa paz. Finalmente, la pesadilla había terminado por completo. La justicia terrenal había cumplido su propósito impecablemente, y el oscuro, peligroso y cruel pasado de Victoria quedaría sepultado en una celda fría y olvidada por varias décadas.