Chapter 14


Los tranquilos meses pasaron muy rápidamente, y el frío y cruel invierno dio paso triunfal a una cálida, luminosa y floreciente primavera. Durante ese maravilloso tiempo de sanación, la enorme mansión Montenegro se llenó constantemente de risas infantiles, divertidos juegos y una felicidad genuina que jamás había existido en aquellas paredes cuando Victoria vivía allí y controlaba todo con frialdad. Alejandro dedicaba sus tardes enteras, tras volver rápido de la oficina, a jugar en el suelo con Mateo, quien aprendía a gatear velozmente por las costosas alfombras persas, y además ayudaba pacientemente a Lucía con sus tareas escolares nocturnas. La niña había demostrado ser increíblemente inteligente y capaz, y se había adaptado a su nueva y exclusiva escuela con una facilidad asombrosa, ganándose el cariño de todos sus profesores.
Pero la dulce paz del nuevo hogar se veía constantemente ensombrecida por la inminente, temida y estresante llegada del juicio final contra la despiadada Victoria. El país entero estaba pendiente del caso, bautizado mediáticamente por todas las cadenas de noticias como "El caso del bebé en la basura". Las cadenas de televisión instalaron inmensos campamentos con unidades móviles fuera de la corte de justicia, ansiosas por capturar cada escabroso detalle del proceso judicial más escandaloso de toda la última década.
La fresca mañana del esperado juicio, Alejandro se sentó en el gran comedor de madera junto a Lucía. Él vestía un impecable y sobrio traje oscuro, pero su rostro reflejaba una tensión innegable. Lucía llevaba un hermoso vestido formal y un abrigo elegante, totalmente preparada para testificar.
—¿Estás absolutamente segura de que quieres hacer esto, mi pequeña valiente? —preguntó Alejandro con gran preocupación, tomando su pequeña mano con mucha suavidad y amor—. Los abogados defensores pueden ser muy duros, groseros y harán preguntas muy desagradables para confundirte. Si tienes mucho miedo, puedo pedirle al juez que escuche tu importante testimonio por video desde otra sala, sin que tengas que verla a ella cara a cara.
Lucía negó con la cabeza firmemente, su expresión mostrando una madurez y fortaleza verdaderamente sorprendentes para su joven edad.
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—No tengo nada de miedo, papá —respondió ella, utilizando esa hermosa palabra por primera vez con una total y dulce naturalidad, lo que hizo que a Alejandro se le formara un nudo de profunda e intensa emoción en la garganta y los ojos se le llenaran de lágrimas—. Ella siempre pensó que yo no valía nada por vivir en la calle buscando basura. Quiero pararme ahí mismo frente a todos en la corte y decirle en su propia cara que los niños de la basura somos mil veces más fuertes y valientes que ella. Voy a decir toda la verdad y no me va a asustar.
Alejandro asintió, sintiendo un orgullo inmenso, gigantesco e insuperable por la enorme valentía de su hija adoptiva. Juntos, salieron de la mansión de la mano y se dirigieron al tribunal, totalmente listos para cerrar de una vez el capítulo más oscuro de sus vidas y buscar justicia definitiva para el pequeño y milagroso Mateo.