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Chapter 6

Al abrir la puerta, una ola de calor abrasador golpeó el rostro de Rosa, haciéndola retroceder un paso. El rugido del fuego era ensordecedor y la temperatura dentro de la cocina era insoportable. Sin embargo, la anciana no dudó. Se cubrió rápidamente la nariz y la boca con el grueso delantal de algodón de su uniforme, se agachó para evitar la espesa capa de humo tóxico que se acumulaba en el techo y avanzó a gatas hacia el centro de la estancia, donde Elena tosía débilmente.

—¡Rosa, no! ¡Salga de aquí, el fuego la va a matar! —suplicó Elena con las pocas fuerzas que le quedaban, aterrorizada de que la mujer también perdiera la vida.

—No me iré sin usted, mi niña —respondió Rosa con voz firme, tosiendo por el humo.

La sirvienta se arrastró hasta la isla central de la cocina, alcanzó a ciegas uno de los pesados cuchillos de chef que descansaba sobre la encimera y volvió junto a Elena. Con movimientos rápidos y precisos, cortó las ásperas cuerdas que aprisionaban las muñecas ensangrentadas de la joven y luego liberó sus tobillos. Sin perder un segundo, Rosa corrió hacia el fregadero, empapó un par de paños de cocina con agua fría y cubrió con uno de ellos el rostro de la joven embarazada para proteger sus vías respiratorias.

—¡Apóyese en mí! ¡Vamos a salir de este infierno! —ordenó Rosa, pasando un brazo por debajo de los hombros de Elena.

Elena intentó ponerse en pie, pero un dolor agudo y desgarrador atravesó su vientre, obligándola a doblarse sobre sí misma. Las contracciones, provocadas por el extremo estrés y el terror, habían comenzado.

—No puedo… Rosa, no puedo caminar… el bebé… —gimió Elena, sintiendo que las piernas le fallaban.

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—Sí puede. Tiene que hacerlo por él. Ponga el brazo sobre mis hombros y sosténgase fuerte.

Con un esfuerzo titánico, Rosa sostuvo a la joven por la cintura y comenzó a guiarla lentamente hacia la salida. Las llamas bloqueaban gran parte del camino, pero todavía quedaba un estrecho y peligroso paso junto a la pared de ladrillo.

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