Chapter 5

El humo negro se hacía cada vez más espeso, reduciendo la visibilidad dentro de la cocina y haciendo que cada respiración fuera una tortura ardiente para los pulmones de Elena. La esperanza parecía haberse extinguido por completo bajo la mirada gélida de Victoria. Sin embargo, en ese preciso instante, una figura apresurada apareció al final del pasillo exterior. Era Rosa, la vieja sirvienta de la familia. Había trabajado en esa mansión durante más de tres décadas, aguantando los desprecios de Victoria simplemente porque necesitaba el trabajo, pero había desarrollado un cariño profundo y genuino por Elena, la única que la trataba con respeto.
La anciana vio las llamas a través del cristal y, al enfocar la vista, descubrió horrorizada a Elena atada en el suelo, rodeada por el fuego.
—¡Señora Elena! —gritó Rosa, soltando el plumero que llevaba en las manos y corriendo desesperadamente hacia la puerta.
Victoria se interpuso rápidamente en su camino, levantando una mano autoritaria para detenerla.
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—¡No te acerques, estúpida! ¡Lárgate de aquí si sabes lo que te conviene! —ordenó la suegra con furia.
Pero Rosa, impulsada por un instinto protector y una valentía que había mantenido oculta durante años, ignoró la orden. Sin dudarlo un segundo, la anciana sirvienta embistió a la elegante mujer, empujándola con todas sus fuerzas contra la pared del pasillo. El impacto tomó a Victoria por sorpresa; perdió el equilibrio, tropezó con sus caros zapatos de tacón y cayó pesadamente al suelo, dejando escapar la llave de sus manos. El pequeño trozo de metal resonó al chocar contra las baldosas, deslizándose a pocos centímetros de ambas. Victoria lanzó un grito de rabia e intentó alcanzarla, arañando el suelo, pero Rosa, movida por la adrenalina, fue mucho más rápida. Se arrojó sobre la llave, la agarró con fuerza, se puso en pie a trompicones, la introdujo en la cerradura y, con un giro rápido, abrió la pesada puerta de cristal antes de que Victoria pudiera detenerla.