Chapter 2

El pánico se apoderó de Elena mientras sostenía aquellos papeles que probaban la inmensa traición de su propia familia. Sus manos temblaban, haciendo crujir las hojas de papel. No solo le habían ocultado la última voluntad del abuelo de su hijo, sino que llevaban años robando el patrimonio que por derecho le correspondía a las futuras generaciones. Tenía que salir de allí. Tenía que llevar esos documentos a la policía o, al menos, a su abogado personal antes de que Daniel o Victoria regresaran de su supuesta reunión matutina.
Con respiración agitada, Elena colocó los documentos sobre el escritorio y sacó su teléfono móvil del bolsillo de su vestido de maternidad. Sabía que llevarse los papeles originales podría ser peligroso si la interceptaban antes de salir de la propiedad, así que decidió fotografiar cada página, asegurándose de que las firmas, los sellos notariales y las cifras de las transferencias bancarias fraudulentas quedaran perfectamente legibles. El sonido del obturador de la cámara del teléfono le parecía ensordecedor en el silencio sepulcral de la biblioteca.
Estaba enfocando la última página del informe de auditoría cuando un crujido imperceptible en la madera del pasillo la hizo congelarse. No tuvo tiempo de darse la vuelta. No tuvo tiempo de gritar ni de protegerse. Un golpe brutal y seco en la parte posterior de la cabeza destrozó su visión, convirtiendo la luz de la mañana en un estallido de chispas blancas antes de sumirla en una oscuridad absoluta. Su cuerpo cayó pesadamente contra la gruesa alfombra del despacho, mientras el teléfono móvil se deslizaba de sus manos inertes. Lo último que registró su cerebro antes de perder por completo el conocimiento fue el sonido de unos pasos elegantes y familiares acercándose lentamente hacia ella, y el susurro de unos papeles siendo recogidos del suelo con una frialdad espeluznante.