Chapter 13

Mientras el fuego continuaba devorando los restos de la cocina y el dolor en su pierna amenazaba con hacerle perder el conocimiento, Rosa aguzó el oído. A lo lejos, rompiendo el crepitar de las llamas, comenzó a escuchar el tranquilizador y estridente sonido de las sirenas acercándose rápidamente. Sabía que los bomberos estaban en camino, y no por pura casualidad ni porque los vecinos hubieran llamado.
Antes de entrar en la cocina, justo en el momento en que empujó a Victoria en el pasillo, Rosa había tomado una precaución vital. Había activado el pequeño botón de emergencia, ingeniosamente oculto en el broche vintage que siempre llevaba prendido en el cuello de su delantal. Ese dispositivo silencioso no era un simple adorno; pertenecía al avanzado sistema de seguridad de la mansión, diseñado originalmente para proteger a la familia de secuestros o invasiones. Al presionarlo, había enviado una alerta silenciosa y automática, con la ubicación exacta, directamente a la estación central de bomberos y policía. Pero lo más importante de todo era que el dispositivo también había abierto un canal de transmisión de audio en vivo con la central. Toda la espeluznante conversación, las súplicas de Elena, las frías excusas de Victoria y la clara voz de Daniel confesando el crimen y manipulando el sistema de gas, habían quedado perfectamente registradas en los servidores de la policía.
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Fuera de la casa, los primeros camiones de bomberos derrapaban sobre la grava del camino de entrada. Encontraron a Victoria y Daniel en el jardín delantero, cubiertos de hollín, abrazados y fingiendo estar absolutamente desesperados, llorando lágrimas de cocodrilo ante los asombrados paramédicos.
—¡Fue horrible! Mi esposa estaba cocinando la cena —sollozó Daniel con una actuación digna de un premio, agarrando a un bombero por el brazo—. Hubo una fuga de gas, una tremenda explosión. ¡Intentamos entrar para salvarla, las llamas eran gigantescas, pero no pudimos! ¡Mi esposa y mi hijo están ahí dentro!