Chapter 19

Con los asesinos cumpliendo condena de por vida tras las rejas, el verdadero testamento del patriarca fue validado por la corte suprema. Elena, demostrando una inteligencia y una resiliencia admirables, asumió el cargo de presidenta ejecutiva y administradora absoluta de la inmensa corporación familiar en nombre de su hijo Mateo. Despidió a los cómplices, limpió las finanzas de la empresa y la llevó a un periodo de prosperidad y transparencia sin precedentes, asegurando el futuro de su hijo.
Sin embargo, había un asunto pendiente que le pesaba en el alma: la mansión parcialmente destruida. Era una propiedad inmensa y valiosísima, pero estaba infestada de los recuerdos más oscuros y aterradores de su vida. Elena se negó rotundamente a volver a pisar esa casa para vivir allí. En su lugar, tomó una decisión radical y sanadora. Utilizó una gran parte de las ganancias de la empresa y los fondos recuperados del fraude para demoler las ruinas de la casa principal y rediseñar por completo el enorme terreno.
Donde antes se erigía un monumento a la codicia, el abuso y la vanidad de Victoria y Daniel, Elena construyó un moderno, amplio y seguro complejo arquitectónico. Se trataba de un refugio integral y gratuito de alta seguridad para mujeres embarazadas y niños que necesitaban escapar desesperadamente de hogares violentos y abusivos. Un lugar lleno de luz, jardines, psicólogos y asistencia legal, donde ninguna mujer volvería a sentirse atrapada o amenazada por aquellos que decían amarla. Y para dirigir esta nueva institución, llena de vida y esperanza, solo había una persona en el mundo en quien Elena confiaba lo suficiente. Rosa fue nombrada la primera directora ejecutiva y madrina honorífica del complejo.