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Chapter 4 - A Mother's Panic

A las tres de la tarde, cuando la cocina era un hervidero absoluto de chefs, ayudantes y bandejas de comida humeante, el teléfono móvil de Clara vibró insistentemente en el bolsillo de su delantal. El identificador de llamadas mostraba el nombre de Rosa, la vecina adolescente que solía cuidar de Sofía por las tardes a cambio de unos pocos euros. Clara se limpió las manos rápidamente con un trapo y contestó, apartándose hacia la despensa para poder escuchar por encima del ruido de las batidoras.

—¿Rosa? ¿Pasa algo malo? —preguntó Clara, sintiendo que el corazón se le aceleraba.

—Clara, lo siento muchísimo, de verdad. He empezado a vomitar hace una hora y tengo muchísima fiebre. Mi madre dice que es un virus estomacal. No puedo ir a tu casa a cuidar a Sofía esta noche. Es imposible, ni siquiera me tengo en pie —la voz de la chica sonaba débil y entrecortada por la tos.

A Clara se le cayó el alma a los pies. El pánico frío y paralizante se apoderó de ella al instante. No tenía a nadie más en toda la ciudad. Su marido se había marchado hacía años, y sus familiares vivían a cientos de kilómetros de distancia. Con las manos temblando ligeramente y la mente trabajando a toda velocidad, buscó a doña Mercedes. La encontró en el salón principal, supervisando meticulosamente la colocación de los enormes centros de mesa florales.

—Señora... le ruego mil disculpas por interrumpirla en este momento de tanto estrés —comenzó Clara, con la voz temblando ligeramente por el miedo a ser despedida—. Me he quedado sin absolutamente nadie que cuide de mi hija esta noche. La canguro se ha puesto muy enferma de repente. ¿Podría, por favor, traer a la niña conmigo? La dejaré en la pequeña salita de plancha junto a la cocina. No hará ruido.

Doña Mercedes suspiró profundamente, acomodándose su collar de perlas con evidente fastidio.

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—Está bien, Clara. Sé que eres una buena trabajadora. Pero te lo advierto: que no moleste a los invitados ni se deje ver por los pasillos principales. Esta noche es demasiado importante como para tener a niños correteando por la casa.

—No se preocupe, señora. Será como si no estuviera —prometió Clara, respirando aliviada.

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