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Chapter 15 - Separated from Her Child

El ambiente en el salón era irrespirable, cargado de repulsión y desprecio hacia la empleada. Doña Mercedes, con el rostro endurecido como el granito, no dudó un segundo más y tomó el control absoluto de la situación.

—Llamen inmediatamente a nuestro equipo de seguridad privada —ordenó la señora de la casa a uno de los camareros—. Y avisad a la policía de inmediato. Llevad a esta mujer a la entrada principal y retenedla allí hasta que lleguen los agentes. No quiero que esté ni un minuto más en el mismo salón que mis invitados.

Dos hombres de seguridad, vestidos con sobrios trajes negros, aparecieron rápidamente y tomaron a Clara por los brazos, sin excesiva violencia pero con una firmeza innegable, obligándola a caminar hacia el inmenso y frío vestíbulo de la mansión.

Clara, presa de un pánico ciego y visceral que le bloqueaba la garganta, intentó zafarse de los agarres de los hombres. Su mente solo podía pensar en una única cosa.

—¡No, suéltenme! ¡Mi hija está ahí! —gritó Clara, desesperada, señalando hacia el pasillo de las cocinas—. ¡Sofía está en la salita, no puedo irme sin ella! ¡Tengo que buscar a mi hija!

Uno de los corpulentos guardias le bloqueó el paso con su cuerpo ancho, impidiéndole retroceder. Clara rompió a llorar a mares, sintiéndose más vulnerable e indefensa que nunca en toda su vida.

—Tranquilízate de una vez. Yo misma la traeré —intervino doña Mercedes con sequedad, dando media vuelta y caminando con paso firme hacia la zona de servicio.

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Los minutos que siguieron fueron pura tortura para Clara, que esperaba retenida en la entrada, bajo la mirada curiosa y reprobatoria de algunos invitados que se asomaban. Finalmente, la matriarca regresó por el pasillo. Sofía caminaba a su lado. La niña llevaba su amado cuaderno de dibujo fuertemente aferrado a su pequeño pecho y sus lápices de colores en la otra mano. Al ver a su madre rodeada de guardias altos y llorando desconsoladamente, los enormes ojos de Sofía se llenaron de confusión y miedo.

—Mamá... ¿qué pasa? ¿Por qué lloras? —preguntó la pequeña, corriendo a abrazar las piernas de Clara.

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