Chapter 1 - The Weight of the World

Clara respiró hondo antes de cruzar las imponentes puertas de hierro forjado que separaban el mundo real de la opulenta realidad de la familia Valcárcel. Llevaba cuatro años trabajando en aquella mansión a las afueras de Madrid, cuatro años de madrugones interminables, de manos agrietadas por el agua caliente y los productos de limpieza, y de un cansancio crónico que se instalaba profundamente en sus huesos cada noche. Sin embargo, nunca se quejaba. Era un trabajo estable, algo casi milagroso en los tiempos que corrían, y, lo más importante, le proporcionaba el sustento económico necesario para mantener a su pequeña hija, Sofía, que apenas tenía seis años.
El cielo de la capital aquella tarde de viernes estaba teñido de un naranja cobrizo, anunciando el final del verano, pero Clara apenas tenía tiempo para detenerse a admirar el atardecer o sentir la brisa cálida. Había demasiado que hacer. En el bolsillo derecho de su delantal blanco, como un amuleto sagrado que la protegía contra el desánimo, la tristeza y la fatiga, siempre llevaba una pequeña fotografía de Sofía. En la imagen, la niña sonreía con esa inocencia pura de sus primeros años, ajena a los inmensos sacrificios que su madre hacía a diario para que no le faltara un plato de comida o unos zapatos nuevos. Clara metió la mano en el bolsillo, acarició el borde desgastado del papel fotográfico con el pulgar y suspiró profundamente.
Hoy iba a ser una jornada verdaderamente interminable. Se celebraba la gran fiesta de compromiso de Nicolás, el hijo mayor y heredero de doña Mercedes, y la inmensa casa entera estaba sumida en un frenesí absoluto de preparativos. Desde el jardín exterior llegaban los gritos constantes de los operarios que instalaban las carpas blancas y las luces decorativas, mientras que en el interior, el olor a cera cara para muebles y a flores frescas de importación inundaba cada pasillo. Clara sabía perfectamente que su papel aquella noche era ser completamente invisible: una sombra eficiente y silenciosa que llenaba copas de champán, recogía platos sucios de porcelana y desaparecía mucho antes de que los invitados adinerados pudieran siquiera notar su modesta presencia en la sala.