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Chapter 12 - The Accusation

Clara sintió, de manera casi física, cómo el aire de la inmensa habitación se le clavaba en la garganta, asfixiándola. Cincuenta pares de ojos la miraban de arriba abajo con recelo, desconfianza y un evidente clasismo. Para aquellas personas ricas y poderosas, ella ya no era la trabajadora invisible que les servía el vino; de repente, se había convertido en la sospechosa habitual, en la delincuente obvia.

—Señorita, se equivoca... yo solo estaba recogiendo las copas vacías del piano —dijo Clara, con una voz que le temblaba incontrolablemente. Intentó mantener el contacto visual con doña Mercedes, buscando un atisbo de piedad o lógica.

Irene levantó la barbilla, mirándola con una arrogancia absoluta y un desprecio venenoso.

—Si eres tan inocente como afirmas, no tendrás ningún problema en mostrarnos el interior de tu bolso delante de todos nosotros, ¿verdad? —desafió Irene.

Clara notó cómo una oleada de calor y profunda vergüenza le subía al rostro, tiñendo sus mejillas de rojo. En aquella sala había empresarios de éxito, abogados implacables y personas que jamás se habían dignado a saludarla por su nombre, y ahora la estaban juzgando públicamente.

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—Mi bolso personal está guardado en la cocina, señorita —respondió Clara, apretando los puños a los lados de su delantal blanco para ocultar el temblor de sus manos.

—Pues ve y tráelo inmediatamente —ordenó doña Mercedes. Su voz carecía de cualquier rastro de la amabilidad distante de otros días. Era una voz helada, autoritaria, la voz de una mujer que protegía a su familia y su estatus por encima de la presunción de inocencia de una simple empleada doméstica.

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