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Chapter 7 - La Intervención Policial

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Las luces rojas y azules de las patrullas iluminaron la fachada de la mansión a través de los enormes ventanales. Cuatro oficiales de policía y un detective vestido de civil entraron rápidamente en la casa, guiados por el jefe de seguridad de Alejandro. La escena en el vestíbulo era caótica: Valeria seguía llorando lágrimas de cocodrilo, gritando que la estaban secuestrando, mientras los guardias la mantenían acorralada.

El detective, un hombre de rostro adusto llamado Vargas, se abrió paso hasta el comedor, donde Alejandro lo esperaba con Sofía aún en brazos y Lucía a su lado.

—Señor Alejandro, recibimos una llamada de emergencia por un intento de envenenamiento. ¿Qué está sucediendo exactamente aquí? —preguntó el detective, sacando una pequeña libreta.

Alejandro no gastó palabras en explicaciones largas. Simplemente le entregó la tableta al detective con el video en reproducción. Vargas observó la pantalla en silencio. Sus ojos expertos analizaron los movimientos furtivos de Valeria, el frasco oscuro y la manipulación de la comida. Luego, miró el desastre en el suelo.

—Oficiales, aseguren esa zona. Llamen a los peritos para que recolecten muestras del plato roto y la comida derramada. No toquen nada con las manos descubiertas —ordenó Vargas de inmediato, su tono pasando de inquisitivo a completamente profesional y severo.

Valeria, viendo que la policía estaba tomando el control, intentó su última carta. Corrió hacia el detective, llorando de manera exagerada.

—¡Detective, tiene que ayudarme! Ese hombre, mi prometido, se ha vuelto loco. Está intentando incriminarme para cancelar la boda porque tiene un amorío con la niñera. ¡Ese video es falso! —mintió Valeria, señalando a Lucía con odio.

Vargas la miró de arriba abajo con profunda frialdad. Había lidiado con suficientes criminales en su carrera como para reconocer la desesperación de los culpables.

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—Señora, el video de un sistema de circuito cerrado interno es una prueba bastante sólida. Además, el olor a almendras amargas en esta habitación es inconfundible. Es un rasgo clásico de compuestos derivados del cianuro —dijo el detective, haciendo que Alejandro palideciera aún más al escuchar el nombre del veneno—. Oficiales, pónganle las esposas a la señorita y léanle sus derechos. Queda detenida bajo sospecha de intento de homicidio.

Valeria comenzó a gritar histéricamente mientras el frío metal de las esposas se cerraba alrededor de sus delicadas muñecas. Alejandro le tapó los oídos a Sofía y giró su rostro para que no viera cómo se llevaban a la mujer que alguna vez llamó "futura mamá".

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